Amal-Lee Amin

Punto de Vista

Por Amal-Lee Amin
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Cero emisiones en Latinoamérica

En un funeral simbólico en Islandia, los dolientes colocaron una placa sobre un volcán para conmemorar la pérdida del glaciar Okjökull. En 1890, Okjökull cubría 16 kilómetros cuadrados y ahora el primer glaciar islandés en perder su estatus debido al cambio climático se reduce a unos pocos trozos de hielo. La placa dice: “Este monumento es para reconocer que sabemos lo que está sucediendo y lo que hay que hacer. Solo tú sabrás si lo hicimos”.

Esta ceremonia fúnebre se produce al tiempo que los científicos confirman que el pasado mes de julio fue el mes más caluroso jamás registrado para el planeta. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático informó en 2018 que el mundo corre el riesgo de sobrepasar los 1.5 grados centígrados de calentamiento en aproximadamente una década a menos que los países reduzcan sus emisiones en un 45 por ciento para 2030 y alcancen cero emisiones netas para 2050.

Mientras tanto, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BDI), Luis Alberto Moreno, afirma que el cambio climático podría representar la mayor amenaza jamás conocida en nuestra región. El Banco de Inglaterra también advierte que una transición global desestructurada hacia una economía baja en carbono podría resultar en pérdidas de hasta $20 billones. Por lo tanto, las decisiones de inversión tomadas ahora sobre cómo llevamos energía a nuestras ciudades y cómo usamos el capital natural determinarán si el objetivo de 1.5 grados sigue siendo viable o no.

Afortunadamente, algunos países están intensificando su trabajo. Costa Rica planea convertirse en una economía de cero emisiones para el 2050, enfocándose en la expansión del transporte eléctrico y los esfuerzos de reforestación. Chile también le apunta a la neutralidad de carbono para el 2050, meta que consagrará en una ley climática este año. México ya tiene un plan para reducir a la mitad sus emisiones para mediados de siglo, mientras que Argentina, Colombia y Ecuador esperan publicar sus propias estrategias el próximo año.

Las estrategias y planes de descarbonización a largo plazo son vitales para ayudar a los países a gestionar los posibles riesgos de la transición y capitalizar las oportunidades de una economía baja en emisiones y resiliente al clima.

Por ejemplo, para complementar su plan de descarbonización, el gobierno chileno y las cuatro compañías de generación de energía más grandes del país firmaron un acuerdo para eliminar gradualmente toda la generación de energía de carbón para 2040. Si bien abandonar el carbón puede impulsar el mercado nacional de energía renovable, la estrategia a largo plazo da tiempo para crear posibles mecanismos de compensación para quienes trabajan en el sector del carbón.

Para los gobiernos que actúen ahora, un objetivo de cero emisiones netas debería considerarse una oportunidad de inversión, no un costo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sostiene que aumentar las políticas relacionadas con el clima e impulsar la inversión en infraestructura sostenible podría incrementar el PIB en 2050 hasta en un 2.8 por ciento en promedio en los países del G20.

En Costa Rica, el BID apoyó al gobierno para preparar su plan de descarbonización 2050, demostrando cómo pueden materializarse nuevas oportunidades de financiamiento. Ahora estamos trabajando con el gobierno en el primer “préstamo basado en la política de descarbonización” para ayudar a implementar su plan de descarbonización y apoyar el uso de autobuses eléctricos.

A medida que aumente la evidencia de que lograr emisiones netas cero es posible y está alineado con los objetivos de desarrollo sostenible y con la reducción de riesgos financieros, continuaremos argumentando que llegar a las emisiones netas cero es una prioridad. Aquellos que en el 2050 miren en retrospectiva a nuestros tiempos probablemente se alegrarán de que los países latinoamericanos hayan trabajado incansablemente para este objetivo.

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