Cezanne Cardona Morales

Punto de vista

Por Cezanne Cardona Morales
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Cezanne Cardona: glosa nevada

Todos saben que no es nieve, pero aún así sonríen. Todos saben que el copo es falso, pero aun así abren la mano para sentir la ingravidez de esa oblea de centro comercial. ¿Será que la música de cascabel los adormece? ¿Será que la alfombra los hace sentir como estrellas de Hollywood? ¿Será que el aire sobreoxigenado del mall afecta las encías? Hasta el niño frente a mí, en la escalera eléctrica, se lo dice a su padre: “Papi eso no es nieve, es jabón”. Pero el padre lo corrige y dice que no es jabón, pero es algo que se parece al jabón.

La vergüenza ajena me domina y le doy la espalda al espectáculo. Pero la escalera hacia el segundo nivel me devuelve, a ojo de catedral, la multitud viendo caer la nieve artificial. Me regaño para no caer en el fácil desprecio. Carlos Monsiváis no falla en estos momentos y me recuerda que observar las multitudes obliga siempre alguna pertenencia: “Somos muchos, pero nadie siente que sobra”. Hago un recuento de las veces que yo hacía nieve, de niño, con el “foam” que encontraba en los zafacones. ¿Quién no sucumbió al gordito del polo norte a pesar de Abelardo Díaz Alfaro? Hasta el Che Guevara en sus “Paisajes de la guerra revolucionaria” rememoró un cuento de nieve cuando bordeaba el peligro: “Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista se dispone a acabar con su vida al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska”.

Ni las escaleras al tercer nivel me alejaron de la nieve artificial. Tampoco podía hacer como Jean Valjean en “Los miserables” porque el tramposo de Víctor Hugo inventó una calle que no existía, en el mapa de París, para que su héroe escapara de la persecución. Con un pie fuera de las escaleras, quise vengarme de aquel invierno artificial y busqué el origen. ¿Acaso Van Gogh no descubrió el sufrimiento de un obrero solo con pintar sus zapatos? Reportero por dos minutos, no solo descubrí las máquinas, sino que apunté la marca.

Supe entonces que la marca que más se vende es la Beamz Snow 900 y se consigue en Amazon a solo $79.99. Supe que funciona como una máquina de humo o niebla artificial y se le echa un líquido al que llaman jugo de nieve. Supe que la marca más famosa de jugo de nieve es la Froggy’s Flakes Snow Juice y que promete un copo de nieve seco, no perjudicial para los ojos, que no moja el suelo, ni mancha alfombras y es seguro para los niños. Supe que ese jugo de nieve puede realizar un viaje de treinta pies antes de su evaporación y que se puede usar tanto en interiores como en exteriores.

A veces, la única venganza que nos queda en estos tiempos es saber, por vanidad, de dónde vienen las cosas -por más superfluas que sean. A veces, solo nos queda glosar la precedencia de esa frágil magia enemiga. ¿Acaso Sócrates no quiso aprender a tocar flauta poco antes de beberse la cicuta? ¿Acaso la luz del sol no se tarda ocho minutos en llegar a la tierra?

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