Cezanne Cardona Morales

Punto de vista

Por Cezanne Cardona Morales
💬 0

Ciruelas y aspirinas

Tenía cara de llamarse Carmen y la conocí cuando las ciruelas aún no estaban tan caras. Era cajera de supermercado y nunca ponía cara larga cuando iba con los shoppers a comparar precios. Me ahorraba quince y hasta veinte dólares en cada compra, pero me ganaba el mal humor de los que esperaban detrás de mí en fila.

Carmen podía ser mi mamá o mi tía y me defendía, tal vez porque yo era de los pocos que movía los artículos cuando la goma corrediza de la caja registradora se dañaba. Entonces la biografía de cada cual se colaba entre los artículos. De las habichuelas en especial pasábamos a mis hijos. De la piña al trabajo temporal. Del pan integral a la crisis de la universidad. Del aguacate —siempre carísimo— a la mafia de los planes médicos. De los detergentes a los pañales que usaban sus papás. Del pote de aspirina a sus quimioterapias. La conversación duraba poco, pero el bip de la caja registradora era nuestro latido compartido.

Así supe que antes de ser cajera, trabajaba en el área de carnicería. Le gustaba porque disimulaba su poco pelo con las redecillas. El olor a carne le recordaba su niñez y a sus padres, que cuidaba en su casa porque el sueldo no le daba para pagar un asilo. Pero lo mejor era que el frío de la carnicería la hacía pensar que estaba en Michigan, donde estaba su hija y sus nietos, a quienes no veía hacía dos años. La movieron a las cajas registradoras cuando cerraron la carnicería. Por eso, siempre me daba buenas sugerencias con las carnes y el pescado. Supe que habíamos comenzado una amistad de supermercado cuando me advirtió, en voz de secreto, del peligro de un pescado rebajado de precio.

Desde entonces la busqué siempre. Hacía la fila larga aunque tuviera menos de diez o quince artículos. Del jamón de sándwich pasábamos a mi segundo nuevo trabajo. Del kiwi al pelo que comenzaba a salirle de nuevo. De las latas de Chef Boyardee al huracán María. Del gas propano a las mascarillas que ella usaba después de la quimio. Del alto precio de las ciruelas al otro trabajo que Carmen tenía en una para pagar las medicinas de sus padres. Del líquido de fregar al retiro. Del cloro con lavanda a la resignación. Del papel de baño a la corrupción gubernamental. De las toallas sanitarias para mi hija a la última víctima de violencia machista.

Un buen día dejé de verla. “La cambiaron de turno por su tratamiento”, me dijo otra cajera. Fui otro día y a otra hora, y aún así no la encontré. Casi va un año que no la veo. Pensé en ella hace poco mientras releía “Zama”, esa hermosa novela de Antonio di Benedetto. Me pareció que solo Carmen —que en realidad no se llama Carmen— podía contarme la historia de aquel pez de río que mencionan en la novela. Ese pez no lo quieren las aguas del río y debe pasar toda su vida en el vaivén que lo repele, luchando por no ser arrojado a la tierra. Esos peces siempre están en el borde, nunca en el centro del cauce y alcanzan larga vida porque deben emplear todas sus energías en la “conquista de la permanencia”. Solo sucumben cuando su empeño de vivir les exige tanto que no pueden procurarse alimento. Carmen y yo éramos como eses peces; dos generaciones atrapadas en la misma precariedad, tratando de conquistar lo que ni siquiera nos pertenece.

Ayer la recordé cuando vi que la mitad de las cajeras habían sido sustituidas por máquinas automáticas de cobro. Traía ciruelas, como el día en que la conocí, pan integral, jamón de sándwich y un pote de aspirinas. No sé si era la hora, pero casi no había empleados, apenas una muchacha que supervisaba que a las máquinas no sufrieran un bioco. Le dije a la supervisora que necesitaba una cajera porque traía ciruelas y había que pesarlas. “No se preocupe que la máquina lo hace”, me dijo. No me quedó más remedio. Nunca había pagado unas ciruelas tan caras: $2.41 la libra. Y las aspirinas, dicen las instrucciones, jamás me quitarán esta antigua tristeza.

Otras columnas de Cezanne Cardona Morales

martes, 10 de septiembre de 2019

Instrucciones para robar

El escritor Cezanne Cardona relata cómo se convierte un cuchillo en una imagen de rabia y amor, de filo y ternura

lunes, 29 de julio de 2019

Testigos de la maravilla

Cezanne Cardona Morales expresa que nadie esperaba que la maravilla estuviera en el algoritmo de las redes sociales, en la alternancia de la flor y la piedra, en el perreo combativo frente a la catedral de San Juan

💬Ver 0 comentarios