Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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¿Ciudadanía güat?

Cada vez que veo esas fotos de nuestra isla flotando en el universo, me sorprende un ataque de ternura extrema. Esta vez, la imagen tomada por el astronauta boricua Joseph Acabá me conmovió más. Porque una sabe que el centro de nuestra isla sigue sin luz a más de 5 meses del huracán. Pero ver la foto de la isla completa flotando en la mayor oscuridad, donde solo un bordecito de luces parece separar el mar de la cordillera, es profundamente triste. El universo es infinito, escuché siempre. El profesor Daniel Altschuler lo lleva al extremo: “Es un lugar de dimensiones inconcebibles, imposibles de imaginar”. Tanto, que cada día que pasa crece más. Pensar que nuestra pequeña isla es un lugar único e irrepetible dentro de ese universo sin límites, es algo que casi puede rayar en un delirio.

Pero no. Sales de tu delicada fascinación para escuchar que hoy van a celebrar (oficialmente) la ciudadanía americana. Qué tú me dices, me pregunto en mi propio soliloquio de la vida, el amor y la muerte. ¿La misma ‘ciudadanía americana’ que nadie ha respetado ni ha servido para que los responsables restablezcan el servicio esencial de la electricidad a miles de personas necesitadas?

En medio de esta crisis general en que vivimos desde el año pasado, cerrar escuelas y oficinas de gobierno para celebrar la “ciudadanía americana” es un acto de infantilización política. Porque, aún para los estadistas: ¿cómo es posible celebrar una ciudadanía impuesta por la fuerza y, encima, de quinta categoría? ¿Los estadistas no creen en la autodeterminación? Porque el elefante rosado de esta sosísima ‘celebración’ es que el país de esa “ciudadanía” es el que ha impedido la autodeterminación de Puerto Rico, para que nosotros mismos, libremente, decidamos si queremos ser ciudadanos americanos o puertorriqueños. Como dice la Dra. Jacqueline Font: “Los puertorriqueños no somos ciudadanos americanos. Somos súbditos coloniales”.

Si un día adquirimos la ciudadanía americana (que no es nuestra ciudadanía ‘natural’) en un proceso de autodeterminación, y se nos conceden sus derechos y deberes, entenderé si alguien quiere celebrar esa ciudadanía. Mientras tanto, observando la foto de nuestra cordillera apagada, lo que da es vergüenza ajena y una buena dosis de malestar.

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