María de Lourdes Lara

Tribuna Invitada

Por María de Lourdes Lara
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Ciudadanía y desigualdad

L a ciudadanía es más que un estatus político-jurídico, es también una identidad social y psicológica; eso declara el exembajador de Chile en Colombia, Gabriel de la Paz. Las Ciencias Políticas definen, de forma general, la ciudadanía como un miembro de una comunidad política que se rige por derechos y obligaciones. Por otro lado, dice el politólogo inglés, Andrew Heywood, que “ser ciudadano representa una relación entre el individuo y el Estado, en el cual ambos están comprometidos por derechos y obligaciones recíprocas”.

Partiendo de estas breves definiciones, la identidad ciudadana depende, no sólo del estatus legal, pero esencialmente, de la posibilidad de acceder a recursos económicos y sociales del Estado que, a su vez, posibiliten que ese ser humano pueda participar, exponerse, pensar, hablar y actuar sobre su comunidad. Debe también sentir y lograr un sentimiento o sentido psicológico de lealtad, de pertenencia, de que son ¨full members of a community¨, como dijo T.H. Marshall en 1950. Sentirse discriminados, alienados, empobrecidos o en relaciones desiguales respecto al resto de los miembros de ese país, no lo hace ciudadanos y ciudadanas de facto, aunque si lo tengan de jure.

Me hace mucho más sentido, para nuestro caso en Puerto Rico, esta Identidad Ciudadana; ese sentido de pertenencia y solidaridad entre los que constituimos un país y asociada con la igual distribución de los recursos en la sociedad. Una ciudadanía que promueve o provoca la desigualdad y la pobreza, que excluye grupos e individuos, no puede llamarse o valorarse como tal.

Desde los principios y valores que rigen la práctica en Agenda Ciudadana desde 2007 concebimos y definimos a la ciudadanía como “una persona (ser humano) que tiene derechos, responsabilidades y que vive y participa activamente en la comunidad y sociedad que lo circunda; independientemente de su lugar de origen, etnia, género, condición social, edad, creencias u otras condiciones externas. Es ciudadano/a, por razón de Ser Humano y como parte de una comunidad humana y planetaria. No lo define, solamente, un orden legal o jurídico, por lo que tiene derecho a participar como actor/a político en las acciones o decisiones que se toman en su comunidad o País”.

Coincidimos con Gabriel de la Paz en que la educación ciudadana, como estrategia de empoderamiento, no sólo contrataca este efecto de la exclusión, pero más aún contribuye en la construcción de un concepto más comprensivo de lo que es la ciudadanía. Para nosotros, educar en competencias ciudadanas, define el centro y quehacer de nuestro trabajo. La ciudadanía tiene que recuperar y defender su identidad y sentido; es decir, de ser el ciudadano que ordena y decide sobre la polis.

El 2016 inicia con grandes logros en este trabajo de educar en ciudadanía, de trabajar activamente con grupos, mesas y alianzas transectoriales que están creando las condiciones de equidad, solidaridad y participación ciudadana, tan necesarias para la transformación social y económica del País. Los hemos acompañado, apoyado y seguimos visibilizando sus propuestas ciudadanas de cambio. Hay una ruta de trabajo diseñada, no por un partido o sector particular; sino por el acuerdo de miles de voces que reclaman un país que garantice los mismos derechos y los mismos deberes; además de un sentido de pertenencia y lealtad con su país y su sostenibilidad a corto, mediano y largo plazo. Ya muchas de estas propuestas son ley, son política pública para el bien común de todos y todas. Han conformado una identidad ciudadana centrada en la democracia participativa. Han hablado alto y claro para Puerto Rico y para el mundo.

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