Gabriel Andrés Rodríguez Fernández
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Ciudadanos de primera en Puerto Rico

Desde hace tiempo estamos escuchando a líderes estadistas señalar que en Puerto Rico la ciudadanía norteamericana es de segunda clase, pues recibimos trato muy desigual en diversos programas de “asistencia”, además de ser ignorados cuando el Congreso decide hacer cambios.

Recientemente el gobernador enfatizó además en un aspecto “curioso” de la condición: Los ciudadanos norteamericanos en la colonia, sean puertorriqueños o “americanos”, no pueden votar en las elecciones federales, a menos que se muden a un estado, donde también podrán votar los congresistas correspondientes. Mientras residan aquí y Puerto Rico sea colonia, eso no es posible.

Pero esto es sólo parte de la verdad. Bajo un Puerto Rico soberano los ciudadanos norteamericanos aquí también podrían ejercer el voto ausente por su presidente, como lo hacen miles en cada cuatrienio, si residen en otros países del mundo, o están de viaje o trabajan en embajadas y bases militares de Estados Unidos por todo el planeta.

Cuando Puerto Rico sea soberano, los residentes de este archipiélago podrán ejercer una ciudadanía de primera en su país, la ciudadanía puertorriqueña. Aquellos que continúen como ciudadanos norteamericanos (se puede tener y ejercer dos ciudadanías) también podrán mantener el pasaporte de ese país y ejercer el voto ausente por el presidente, además de votar por los legisladores de nuestra Asamblea Nacional, que sería la que nos respondería directamente (no como el Congreso).

Cierto es, todo esto tendría que estipularse en los acuerdos y tratados para viabilizar una transición, como requerido por el Derecho Internacional, pero ya existen precedentes al nivel internacional y en el propio Estados Unidos.

Podemos afirmar que la ciudadanía puertorriqueña, en un Puerto Rico soberano, será “de primera” porque son los propios puertorriqueños los que la definirán así. La inmensa mayoría de los residentes y naturales de estas islas benditas creen en la democracia y claman incluso por una democracia más participativa. De hecho, estamos en tiempos muy propicios para converger, como pueblo, en un reclamo de soberanía para resolver nuestros propios problemas, acordar la Constitución y el modelo económico que deseemos, y hacer realidad la visión de un Puerto Rico democrático, próspero, sostenible, solidario, justo y feliz.

Este llamado a la convergencia en torno al reclamo por el país que queremos, tiene que darse desde la sociedad civil, no los partidos políticos. Estos desde hace décadas se han convertido, en la práctica, en los continuadores y agravantes de toda la problemática colonial, sobre todo los anexionistas que se cantan como descolonizadores. Esta es la estrategia democrática que desde hace más de un siglo impulsaba nuestro insigne patriota, don Eugenio María de Hostos, cuya memoria celebramos cada enero. Tal y como se logró para sacar la Marina de Guerra de Vieques, el pueblo movilizado y auto convocándose desde el sector civil, particularmente el soberanista y libre-asociacionista, tiene la palabra.

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