Julio A. Muriente Pérez

Tribuna invitada

Por Julio A. Muriente Pérez
💬 0

Cocodrilo y su Mercedes

Al momento en que fue asesinado a tiros, iba conduciendo su automóvil. Un Mercedes Benz. Estaba estacionando el flamante vehículo cerca del edificio número 5 del residencial Luis Llorens Torres. Eso es lo que informó la prensa del día siguiente, citando el parte policiaco. Que tenía veintiocho años y un abultado expediente delictivo, añadió. Que incluía su participación en el narcotráfico y la venta de armas. Tenía  en aquel instante fatal más de 20 mil dólares en su poder. 

Era uno de los diez más buscados. Su nombre de pila era José Andrés Frómeta Valdez. Le apodaban Cocodrilo.

Para algunos, sin duda en plan de celebración, el asesinato de Cocodrilo representa uno menos de los malos, de los delincuentes violentos y sanguinarios. ¡Que se maten entre ellos, es lo mejor que puede pasar!, como exclamara alguna vez un notorio exsuperintendente de la Policía, ya fallecido. 

Lamentablemente, en lo que respecta a los medios de comunicación de masas y a las estadísticas policiacas, aplica aquello de que “el muerto al hoyo y el vivo al retollo”. Cocodrilo es un número más en la estadística oficial de asesinatos y un problema menos para la Policía. Al otro día, ya es noticia pasada; como diría Héctor Lavoe, periódico de ayer. 

Sin demasiado esfuerzo, las autoridades investigarán quien le mató y si lo agarran, las fuerzas de la ley y el orden habrán logrado una carambola. Al momento de escribir estas líneas los “restos mortales” de Cocodrilo deben estar descansando en paz en algún camposanto. Algunas lágrimas han de haberse derramado en el velorio. Una madre angustiada; una novia desconsolada, unos críos que no entienden bien lo que ha sucedido… Mientras tanto, no faltarán los interesados que se estarán peleando por su nicho en el narcotráfico, sino por otra razón, soñando en poder pasearse en un auto de lujo, aunque no sea un Mercedes.

Sobre lo que no se comenta, analiza o interpreta es -precisamente en relación con el Mercedes y los otros lujos de que habrá disfrutado Cocodrilo en su vida de narcotraficante- sobre el impacto económico-social del narcotráfico en crecientes sectores de nuestro pueblo. De cómo el narcotráfico y otras actividades relacionadas se van convirtiendo progresivamente en razón de vida, en alternativa  para “salir de la pobreza”, en oportunidad de adquirir lo que de otra manera está vedado a la mayoría. Por ejemplo, un Mercedes. Cocodrilo no andaba en un carrito trililí, de cuatro cilindros y asientos incómodos. Ha de haber sido la envidia de los vecinos en su comunidad. Y en el fondo, aunque todos lo sabían, a pocos le preocupaba cómo se agenciaba los billetes para disfrutar de semejante maquinón. 

Cocodrilo es una muestra elocuente de que el narcotráfico deja, que ofrece la posibilidad de disfrutar de los privilegios reservados para los pudientes aunque, claro está, conlleve algunos riesgos. De que bien vale la pena exponerse, siendo uno hijo del caserío, privado de posibilidades económicas en esta sociedad tan desigual en el acceso a la riqueza, y como quiera tan ostentosa y creída, en lo que a bienes materiales respecta. Por más breve que resulte la existencia y aunque uno se la esté rifando todos los días. Que eso es más placentero que la precariedad cuponera que ofrece a tantos esta sociedad decadente y quebrada.

Es así como se va forjando eso que llaman un narcoestado. Conforme el sistema económico y social, legal e institucional va descomponiéndose, aparecen otras alternativas para satisfacer necesidades. Reales o inducidas por la sociedad de hiperconsumo en que vivimos. La opción al “part time” con salario de hambre que ofrece alguna tienda de ropa o de comida rápida, es el punto. Ni caso se le va haciendo a los discursos moralistas, éticos o religiosos, ni siquiera a las amenazas de autoridades cada vez menos pertinentes y capaces.

La pura verdad es que ninguno de los abnegados trabajadores y trabajadoras que invierten horas y horas cada día en tapones interminables, en el ir y venir de la casa, al trabajo, a la casa, podrá hacerlo en la comodidad de un Mercedes. Ni siquiera le alcanza el crédito, ya sobregirado, para pagar el carro que tiene, que podrá esvielársele en cualquier momento, en la ruta de Río Piedras a Caguas, de Arecibo a San Juan, o de Salinas a Ponce.

La absoluta verdad es que muchos de los mejores y más caros regalos que se harán en Navidad y Reyes en nombre del amor y la cristiandad, se comprarán con los infinitos dineros del narcotráfico, y que, impunemente los centros comerciales serán convertidos en grandes lavadoras de dinero “sucio”.

No da ninguna gracia admitirlo, pero en estas circunstancias a ratos desesperanzadoras, Cocodrilo y su Mercedes son, para muchos y a pesar de los riesgos, un exitoso ejemplo a seguir.

Otras columnas de Julio A. Muriente Pérez

jueves, 6 de junio de 2019

¿Temporada oficial de huracanes?

Julio A. Muriente Pérez expresa que la energía del Sol penetra hasta la superficie del planeta, calienta y luego sale; sin dejar rastro de sucio o basura ambiental

martes, 14 de mayo de 2019

Desgarradora pérdida de dos jóvenes

Julio A. Muriente Pérez declara que se mezclan muchos factores que desembocan en hechos espeluznantes como la muerte de una adolescente quemada por su exnovio

💬Ver 0 comentarios