Carlos I. Gorrín Peralta

Punto de vista

Por Carlos I. Gorrín Peralta
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Código Civil: ¿cuál es la prisa de la Legislatura?

¿Cuál es la prisa? ¿Por qué la legislatura interesa aprobar con tanta urgencia el Código Civil y el Código Electoral, leyes de la mayor importancia?

El Código Civil regula nuestra vida privada desde antes del nacimiento, las relaciones familiares, los derechos que tenemos sobre los bienes, las obligaciones que impone la ley y las que aceptamos mediante contratos de todo tipo. Rige la vida hasta después de la muerte, regulando las herencias.

La legislación electoral es igualmente importante para hacer realidad, aun dentro de limitaciones coloniales, la aspiración de tener un gobierno democrático. En regímenes totalitarios la ley electoral sirve los intereses del grupo o partido en el poder. En sistemas supuestamente democráticos con frecuencia se manipulan los sistemas electorales para responder a sectores poderosos, menoscabando al resto del pueblo. Por eso, las leyes electorales tienen que contener salvaguardas que aseguren una competencia igualitaria de todos, y eviten el fraude y las ventajas abusivas.

Ambos cuerpos normativos deben ser el producto de un consenso social sobre las relaciones privadas y el sistema electoral. Su imposición sobre todo el pueblo sin que haya consenso tiene consecuencias negativas. Resulta en leyes defectuosas que no responden a los valores que deben proteger. Genera pleitos innecesarios que requieren del poder judicial que intervenga para corregir las deficiencias que el legislador dejó al garete. Por último, promueve la creencia de que el Estado solo responde a intereses políticos e ideológicos particulares, y provoca desconfianza del pueblo en sus instituciones.

Muchas han sido las críticas que se han levantado contra el nuevo Código Civil. Diversos grupos cuestionan su contenido en algunas áreas, aduciendo que violenta derechos ya reconocidos, lo cual resultará en cuestionamientos judiciales. También se ha criticado el proceso legislativo atropellado que se ha seguido. Perduran las dudas sobre si la medida estaba lista para aprobación. Ciertamente no fue el producto de consenso social, sino de imposición de la mayoría parlamentaria.

Algo similar ocurre con el Código Electoral. Desde sus inicios se identificaron deficiencias preocupantes. Se alega que permitirá al partido de gobierno controlar la Comisión de Elecciones, anulando al concepto de neutralidad y balance partidista de nuestro sistema electoral. Peor aun, permite la incorporación de la tecnología al proceso, pero respetables organizaciones dentro y fuera de Puerto Rico han señalado que la actual tecnología de voto electrónico crea un gravísimo peligro de fraude y menoscaba la confiabilidad del proceso electoral.

El partido de gobierno puede buscar el consenso y aprobar estas dos piezas fundamentales sin vulnerar la confianza del pueblo en sus instituciones de derecho privado y de derecho público. Sin embargo, parece optar por aprobarlas como ejercicio burdo del poder por parte de la mayoría legislativa. Parecería que necesita aprobar los códigos con prisa, a seis meses de las elecciones generales. El actual gobierno tiene un récord bastante negativo luego de los desastres que hemos sufrido: la quiebra, la ausencia de poder soberano, la Junta, los huracanes, los terremotos, la destitución de dos gobernadores, y por último la pandemia. Quieren aprobar esta legislación como carta de presentación a sectores del electorado, para tener una oportunidad en las elecciones.

En 1902, la legislatura aprobó un Código Civil injertando en el código impuesto previamente por España instituciones del código de Luisiana, importado por los nuevos amos del norte. Los problemas que esto generó provocaron que Luis Lloréns Torres escribiera un poema, titulado “El Código Civil” que en su parte final dice:

Pero ¿qué dice este código?

¿A qué padres de alma negra

ha salido tan canalla

este libro sin vergüenza?

Debo decirlo, y lo digo

aunque se parta mi lengua,

que se vendió en los comicios

a dos pesos por cabeza.

Esperemos que estos códigos no sigan la ruta vergonzosa de la dictadura de la mayoría parlamentaria, ni tengan graves consecuencias. Todavía hay tiempo para el consenso. No hay prisa.

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