Astrid Díaz

Tribuna Invitada

Por Astrid Díaz
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Códigos de vida

El nuevo Código de Construcción de Puerto Rico es el primer gran paso para encaminar, como debe ser, nuestra reconstrucción. Los códigos significan vida.

Leía el tuit del gobernador Ricardo Rosselló que anunciaba esta gran noticia, cuando un comentario a su tuit decía que “los códigos son para ricos, los pobres no pueden construir otro tipo de casa que no sea frágil”.

Esa actitud errónea es la que tenemos que cambiar con la educación ciudadana sobre los códigos, pues nos ha llevado a tener un millón de construcciones improvisadas e inseguras. Los códigos no tienen clases sociales; por el contrario, son una gran herramienta para garantizarnos el desarrollo económico, social y urbano a través de la construcción resiliente en todo Puerto Rico.

Hay que entender que la construcción que sigue las normas no cuesta más. Al contrario, protege lo que no tiene precio: tu familia y tu hogar. Así la pesadilla de la devastación terminará.

El Código de Construcción, que hacía seis años no se revisaba, incluye provisiones para refugios, simplificaciones en el diseño según la velocidad del viento y la topografía, las mejores prácticas para instalaciones de sistemas solares, zonas de inundación, entre otras.

Si reconocemos su importancia, cada persona procurará que su casa y su comunidad estén diseñadas, construidas y supervisadas por arquitectos e ingenieros según los códigos y permisos.

En un sentido más amplio, debemos reconstruir también actitudes que reconozcan el potencial de transformación y progreso. El pueblo debe estar educado en nuestra reconstrucción permanente, que nos tomará más de cinco años, para que participe con juicio crítico de todo lo que se construye o destruye a su alrededor.

La naturaleza nos marcó el tiempo de construir el Puerto Rico que aspiramos y la mejor sociedad que refleje el humanismo que nos caracteriza a los puertorriqueños. Reenfoquemos nuevos caminos y paradigmas para lograr una rápida transformación.

Nos toca vivir este momento histórico en el que todos somos los arquitectos de nuestro futuro, reconstruyendo a Puerto Rico con respeto, compromiso y patriotismo.

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