Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Colonia e ingenuidad

Hace pocos días, un columnista de este diario, el abogado Julio Fontanet, comentaba en uno de sus escritos que, al celebrar un plebiscito realmente vinculante, que no coincida con unas elecciones, las propuestas dirigidas a conseguir votos quedarían excluidas, con lo cual podría explicarse a los votantes algunos ejemplos claros de lo que es cada opción. Resumiendo, dijo que bajo la independencia, no podría haber ciudadanía americana por nacimiento; bajo el estatus actual, no podría haber voto presidencial; ni bajo la estadidad representación olímpica, o autonomía para suscribir tratados internacionales. Cada opción implica otras muchas cosas, pero él trató de ser lo más directo posible.

La verdad es que, ante un plebiscito vinculante, se podrían explicar ciertos asuntos que ahora se soslayan una y otra vez. Se podrían, también, descartar algunas fantasías que se repiten obstinadamente. Por ejemplo, que los Estados Unidos estarían obligados a mantener el flujo de ayudas federales durante al menos una década después de proclamada la independencia, en pago por todo lo que han sacado de su colonia. Eso es absurdo, lo he dicho antes. Una vez independizada la Isla, ¿quién los obliga a cumplir con qué?

Esto conecta con otra de las fantasías recurrentes, que es la ansiada “presión internacional” respecto al caso de Puerto Rico.

Cada vez que oigo a esa gente que cifra sus esperanzas soberanas en las denuncias ante la ONU y otros organismos similares, más los reclamos que podrían llegarle a los Estados Unidos desde diversas partes del mundo, creo que sinceramente están a mil millas de la realidad. El concepto que esgrimen es que el gobierno de los Estados Unidos sería señalado por la comunidad internacional y “avergonzado” porque mantiene una colonia en pleno siglo 21.

Se le ha pedido al Comité de Descolonización de la ONU que le exija a la Asamblea General de ese organismo que derogue la Resolución 748 de 1953, que estableció en ese año que Puerto Rico tenía gobierno propio, en común acuerdo con los Estados Unidos, y por lo tanto había dejado de ser colonia.

En fin, supongamos que la Asamblea General de la ONU deroga esa Resolución mañana. ¿Alguien me puede ilustrar respecto a lo que sucederá después? Porque yo opino que una resolución derogada en la sede del organismo en Nueva York, ni le va ni le viene mucho a nadie. Un poco de agitación y de revuelo mediático, y afuera.

El nuevo orden geopolítico del mundo y las alianzas globales, se han llevado por delante muchas cosas. La autoridad e influencia de la ONU es una de ellas. Cada vez impone menos —o, mejor dicho, ya no impone nada— y eso está a la vista.

Un breve y desgarrado ejemplo: Libia, en la actualidad, recibe de la Unión Europea alrededor de $130 millones anuales para controlar la emigración. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha declarado, textualmente, que “el sufrimiento de los migrantes detenidos en Libia es un atropello a la conciencia de la humanidad”. Ese país del norte de África, ahora mismo, no tiene pies ni cabeza, ya que tras la caída —y posterior apuñalamiento— de Muamar el Gadafi, está dividido en varios territorios que controlan diferentes tribus. ¿A dónde van a parar los $130 millones? Nadie lo sabe con certeza, pero la propia ONU reconoce que los desheredados de la fortuna que llegan de otras partes del continente, con la esperanza de salir de Libia cuanto antes, son detenidos de forma brutal, las mujeres violadas y prostituidas, los jóvenes vendidos como esclavos, y los más débiles asesinados. De los $130 millones, ni un centavo se dedica a darles alivio.

Aparte de decir que es “un atropello a la conciencia de la humanidad”, ¿qué puede hacer la ONU? ¿Avergonzar a la Unión Europea por darle tanto dinero a un país que ya no es ni siquiera un país, y un gobierno que no es sino tres gobiernos, en un lugar desquiciado al que ni siquiera pueden mandar “relatores”? Miren que aquí hemos pedido relatores que no resuelven nada, son paseantes con corbata.

Pues sí, a lo mejor la Unión Europea está un poco avergonzada, pero no va a retroceder, y mucho menos ahora, cuando el arribo de barcos cargados de emigrantes a las costas de Europa, se intensifica como nunca, y en lo que va de 2018, ya han llegado más inmigrantes que los que llegaron durante todo el 2017.

El gobierno de Italia, que ha rechazado la entrada de barcos llenos de personas hambrientas o moribundas, se ha dedicado a ignorar olímpicamente los continuos pedidos de la ONU. Pero no solo eso, sino que el ministro del Interior italiano, ese famoso Matteo Salvini, hace apenas un mes, andaba por Libia promoviendo la creación de centros de internamiento para confinar a todo el que sorprendan queriendo lanzarse al Mediterráneo. ¿Alguien se imagina lo que serán esos centros de internamiento en Libia? Infiernos profundos y desoladores, a los que la ONU, y ni siquiera las ONG de ayuda a inmigrantes, podrán nunca acercarse.

Todo lo que ocurrió, y sigue ocurriendo en Siria, más los desatinos fronterizos en otras partes del mundo, sobre todo el que nos toca más de cerca, que es el de la frontera entre Estados Unidos y México, han sido motivo de llamadas de atención, reclamos, denuncias y ruegos de parte de la ONU. El mundo ya no es lo que era en 1953, cuando se “liberó” a los Estados Unidos de su “vergüenza” colonizadora y se estableció que Puerto Rico era “casi” libre.

Este planeta es un hervidero donde cada potencia está haciendo lo que le da la gana —ya no se sabe ni cuántas denuncias de la ONU acumula China—, y esperar, en medio de este maremágnum, que la “presión internacional” obligue a Estados Unidos a descolonizar a Puerto Rico, me parece que es, cuando menos, ingenuo.

Cuando menos eso, y cuando más, una excusa para dejar en manos ajenas lo que debe afrontarse, desde una perspectiva realista, en manos propias.

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