Miguel A. Riestra

Tribuna Invitada

Por Miguel A. Riestra
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Colonia eterna o patadita en el trasero

Cuando llegué a Puerto Rico en 1962, una vez terminado mis estudios doctorales, vine a vivir a un mundo irreal e imaginado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, ejemplo para los países subdesarrollados. Un Puerto Rico que, de acuerdo con las Naciones Unidas, había resuelto su estatus colonial y estaba al punto de resolver su estado de pobreza, su salud, su vivienda, su transportación y demás problemas sociales. Una sociedad idílica bajo el liderato de Luis Muñoz Marín, Teodoro Moscoso y, en mi caso, como profesor universitario bajo el carismático y único líder, Jaime Benítez.

Quienes nos educamos en la década de los sesenta en Estados Unidos, época donde se evocaba la igualdad y la solidaridad entre los humanos, nos fue fácil descubrir el gran mito y la gran ilusión que los puertorriqueños habían internalizado como una verdad indiscutible. Al cuestionar esta realidad, el gobierno, la prensa y la mayoría de los puertorriqueños nos clasificaron como radicales. En el periodo de la Guerra Fría fuimos considerados comunistas, traidores a la “patria”, Estados Unidos de América.

Esta realidad continuó sin cambios significativos hasta que las tres ramas del gobierno de Estados Unidos, la Legislativa, la cual legisló Promesa, la Ejecutiva, dirigida por el presidente liberal Barack Obama, la cual firmó la legislación, y la Judicial, representada por la Corte Suprema de Estados Unidos, la cual determinó que “Puerto Rico is a non-incorporated territory that belongs, but is not part of the United States”.

De pronto, con el nombramiento de la Junta de Control Fiscal (Promesa), todo el mundo descubrió que Puerto Rico es una colonia de los Estados Unidos. Descubrimos, además, que nuestros gobernantes nos habían endeudado a niveles increíbles y que habían malversado la mayoría de estos recursos llegando a la increíble cantidad de $72 mil millones.

Luego vinieron Irma y María. María, el huracán más destructivo en la historia de Puerto Rico. Primero, al destruir nuestros árboles, María hizo posible que viéramos al verdadero Puerto Rico, nuestras viviendas son las de un pueblo pobre y tercermundista. Segundo, al María hacer públicas las necesidades de los puertorriqueños, hizo factible que descubriéramos un pueblo sin recursos, totalmente incapacitado de recuperarse por sí mismo. Tercero, se ha hecho explícitamente claro nuestra dependencia del gobierno de Estados Unidos para la supervivencia y posible recuperación en todas las áreas y niveles de Puerto Rico.

Resultado histórico.

Puerto Rico será cada día más pobre. Si se aprueba sin cambios la revisión federal del sistema tarifario americano, Puerto Rico será uno de los países más pobres de América. Por ser latinoamericanos y pobres, sin dominio mayoritario del idioma inglés, la posibilidad de que el gobierno federal y los cincuenta estados nos ofrezcan la estadidad, es claramente nula. Por el otro lado, nadie quiere la independencia y su liderato se esfumó. Resultado: seremos una colonia eternamente, con la excepción de que Estados Unidos nos dé una simpática patadita en nuestro trasero.

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