Enid Monge

Tribuna Invitada

Por Enid Monge
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Comenciantes de pie por los nuestros

Hace unos días, un religioso haitiano que visitaba Puerto Rico para apoyar en los esfuerzos de recuperación hablaba de la generosidad de los puertorriqueños, de su presencia constante en Haití, de que nunca les hemos abandonado. Su sentido de gratitud fue lo que le movió a venir para retribuir de alguna manera la solidaridad de los boricuas. Me sentí conmovida y orgullosa a la vez, porque esas palabras son ciertas y se hacen realidad aquí, entre nosotros, todavía 60 días después de la catástrofe que dejó el huracán María.

Como empresaria puertorriqueña, he visto también la entrega de mis compañeros comerciantes que, aun siendo fuertemente golpeados de múltiples maneras, estuvieron presentes para el país a solo horas de ocurrido el desastre. Lo han hecho, no solo como vecinos y ciudadanos con conciencia, sino como comerciantes determinados a cumplir con su deber de servirles a sus clientes y pacientes.

Escuchar sus historias heroicas, algunas de las cuales muy pocos se enterarán, provoca que una se contagie con su ánimo y sus ganas de continuar, pese a la adversidad. Recurrir a la notita del “fiao” para ayudar a sus clientes porque no había efectivo, pasar días limpiando el fango dejado por las inundaciones, decomisar cantidades inimaginables de productos, prestarse espacios de trabajo y hasta plantas eléctricas para que el negocio de otro pudiera arrancar, despachar medicamentos gratuitamente, son solo algunas de las situaciones que he escuchado.

Estos amigos y amigas comerciantes locales que operan sus negocios y cooperativas, quizás con horarios limitados, sin electricidad y con menos variedad de productos, saben que el país se juega su futuro inmediato si no hacen un esfuerzo extra para generar economía, mantener a sus empleados y atender las necesidades básicas de sus consumidores. Estos comercios locales se las ingenian todos los días para poder abrir y producir, porque son sus familiares y comunidades los que se impactan directamente con sus decisiones.

Por eso es que este año, a pesar de los pronósticos pesimistas, en Empresarios por Puerto Rico decidimos seguir adelante con la idea del Miércoles Naranja, ese evento que establecimos como el punto de partida para promover las ventas de los comercios locales en el periodo navideño. Con el Miércoles Naranja, hemos querido dar un signo de que el comercio local tiene vida, lucha y se va a levantar con el respaldo y la conciencia de nuestros consumidores. Pero, ante estas circunstancias tan particulares, la compra en nuestros comercios quiere ser doblemente especial, compartiendo con tanta gente que necesita un acto de amor y solidaridad. La invitación a los consumidores que visiten nuestros comercios es que compartan algunos artículos de primera necesidad, juguetes para niños, regalos para ancianos, o algún servicio esencial con alguien necesitado o una organización de base comunitaria.

El primer ymejor gesto para comenzar a construirnos de nuevo es hacer lo que es innato del buen puertorriqueño: agradecer, compartir y bendecir.

La autora es presidenta de la organización sin fines de lucro, Empresarios por Puerto Rico. 

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