Robert D. Pagán Rosado

Punto de vista

Por Robert D. Pagán Rosado
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Cómo atacar la crisis de opioides: el rol del fisiatra

El dolor afecta a aproximadamente 100 millones de personas en los Estados Unidos y es la primera causa de discapacidad en la nación. La causa principal de mortalidad accidental en los Estados Unidos es la sobredosis de opioides causada por adicción, lo que sobrepasa la cantidad de muertes causadas por armas de fuego y accidentes automovilísticos. Debido a la desinformación, factores psico-sociales y el uso excesivo de opioides en el manejo del dolor crónico, surgió lo que conocemos hoy día como la “crisis de opioides”. De la única manera que se puede resolver esta crisis es cambiando la política pública e implementando protocolos en los que el manejo del dolor sea uno holístico y no basado en opioides, tomando en consideración la calidad de vida del paciente.

Se ha demostrado que la fisiatría es un componente vital en el manejo del dolor. Uno de los aspectos más importantes de esta rama es el enfoque multidisciplinario que se utiliza para manejar condiciones neurológicas y musculoesqueletales. La meta del médico fisiatra es mejorar la función y calidad de vida de sus pacientes a través del uso de ejercicios, medicamentos no relacionados a opioides, procedimientos intervencionales, modalidades y corrigiendo aquellos factores psicosociales que predisponen a los pacientes al dolor crónico.

No fue hasta recientemente que se dirigieron fondos a proyectos de investigación enfocados en el manejo no farmacológico del dolor, funcionalidad y calidad de vida en pacientes de dolor crónico. Menos del 2% de un presupuesto de 30 billones de dólares dedicado a investigaciones biomédicas fue invertido en proyectos de manejo de dolor antes del 2018. Por otro lado, la cantidad limitada de sesiones de terapias que son aprobadas por los planes médicos y el alto costo de estas resultó en un menor uso de estos recursos para mejorar el dolor y la calidad de vida de los pacientes. Además de esto, el bajo costo de los opioides y su accesibilidad comparada a aquella de los programas de rehabilitación conducidos por fisiatras es otra barrera que no facilita un manejo más seguro contra el dolor.

Existen ciertas maneras en que la rama de la fisiatría puede atacar esta crisis de opioides. El primer paso es incluir técnicas conservadoras y modalidades físicas en investigaciones sobre manejo del dolor. Muchas de estas intervenciones disminuyen la mortalidad causada por opioides y previenen el exceso de gastos dirigidos a opioides en la nación. Por otro lado, los proyectos investigativos deberían de documentar el seguimiento a largo plazo de los pacientes y reportar el efecto que tienen estas intervenciones en la calidad de vida y función de estos. 

Además, se pueden implementar programas educativos en la comunidad que orienten a los pacientes sobre tratamientos no-farmacológicos y el rol de programas multidisciplinarios en el manejo del dolor y la crisis de opioides. Se debe dirigir el tratamiento no tan solo a los síntomas, sino también a las prioridades y metas del paciente para así lograr impactar significativamente la satisfacción del mismo. Finalmente, la educación médica graduada debería enfatizar la importancia de la rehabilitación dirigida al dolor, los retos a los que se enfrentan estos médicos, el uso adecuado de opioides y entrenar a los profesionales de la salud para que sepan identificar los factores externos que exacerban el dolor. 

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