Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Como curar un cáncer empachándolo con azúcar

Sin duda, todos ustedes conocerán personas adictas al azúcar. Consumen cantidades industriales de refrescos carbonatados, pero no es de eso de lo que trata esta columna. Recientemente se ha revivido un descubrimiento de Otto Warburg que data de 1920. El concepto, simplificado, es como sigue: las células cancerosas se caracterizan en gran medida por un defecto que les obliga a consumir una cantidad desmedida de glucosa. La glucosa es un tipo de azúcar. Las células normales también la consumen, pero los tumores malignos la utilizan en mayor cantidad.

Esto ha dado lugar a varios conceptos simplistas como el postular que si no consumimos azúcar podemos controlar el cáncer y que los pacientes con esa enfermedad deben evitar el azúcar. Esto ya lo comenté anteriormente en otra columna. Pero el concepto de la adicción de los tumores al azúcar va más allá de esas simplezas. Ese proceso de las células de utilizar o “metabolizar” el azúcar es sumamente complejo y no voy a enzorrarlos con los detalles. 

Si lográramos interferir con los varios pasos del metabolismo de la glucosa, podríamos entonces explotar a nuestro favor la adicción de los tumores al azúcar. Uno de los primeros intentos para aprovechar esta adicción fue la llamada dieta cetogénica, que consiste esencialmente en consumir muy pocos carbohidratos (que incluyen el azúcar) y mucha grasa. Es muy parecida a la llamada dieta Atkins. Al quemar grasas se producen cetonas que se eliminan en la orina. De las cetonas es que viene el nombre de la dieta, que se diseñó originalmente para bajar de peso, pero más recientemente se ha promovido como una modalidad para curar el cáncer.

¿Qué evidencia existe para comprobar que la dieta cetogénica ayuda a prevenir el cáncer? Sin duda nos puede ayudar a bajar de peso y al así hacerlo disminuye el riesgo de desarrollar cáncer porque la obesidad contribuye al incremento de esa temible enfermedad. 

¿Pero puede la dieta cetogénica ayudar a tratar el cáncer una vez ya declarado? Según el Dr. Thomas Seyfried, la eficacia de esta dieta es tan excelente que puede llegar a reemplazar la quimioterapia y la radioterapia. En un interesante estudio, la Dra. Angela Poff de la Universidad del Sur de Florida, demostró que en ratones que desarrollaron cáncer, el combinar esa dieta con oxígeno hiperbárico logró prolongarles la vida. ¿Y qué pasó cuando se intentó reproducir estos datos en humanos? Veamos.

Se han completado cuatro ensayos clínicos en un total de 63 pacientes utilizando la dieta cetogénica. De estos 63 pacientes solo uno respondió, y fue con una remisión parcial. No solo fueron pocas las respuestas, sino que también los pacientes perdieron un promedio de 4% de su peso corporal, lo cual puede ser problemático para los que padecen cáncer. Hay otros estudios pendientes de completarse, pero en el momento actual no tenemos prueba de que la dieta cetogénica funcione como tratamiento para el cáncer. Por tanto, hay que buscar otros métodos para explotar a nuestro favor esa adicción del cáncer a la azúcar. 

Un método muy esperanzador se acaba de revelar en estos días.

El azúcar viene en diferentes formas: manosa, poco conocida pero la más interesante como van a ver pronto, sacarosa (la que consumimos en la mesa como azúcar granulada), glucosa, fructosa, galactosa, lactosa, maltosa, fucosa. Hasta ahora, todos los estudios en cuanto al rol del azúcar y el cáncer se habían enfocado exclusivamente en la glucosa. A nadie se le había ocurrido investigar cómo, si de alguna forma, estos otros azucares pueden afectar el crecimiento del cáncer hasta que, en el Reino Unido, un investigador llamado Pablo Sierra González decidió explorar esto. Al estudiar células cancerosas en tubos de ensayo, se percató de que cuando las alimentaba con manosa, una azúcar natural, que se encuentra en pequeñas cantidades en varias frutas y vegetales, el crecimiento disminuía y la cantidad de glucosa dentro de las células aumentaba. De primera instancia uno pensaría que al aumentar la glucosa intracelular, se alimentaría el cáncer, pero ocurrió lo contrario. A través de otros experimentos, logró entender mejor lo que estaba observando. La manosa bloquea la capacidad de la célula maligna para utilizar la glucosa. Ya que estas células no podían usar la glucosa para alimentarse, causaba que esta se acumulara dentro de las células, provocando un aumento en su concentración intracelular. Las células malignas, empachadas de glucosa, morían de hambre. Sus resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Nature.

Entonces se le ocurrió otro experimento todavía más interesante. Se preguntó qué sucedería si además de detener el crecimiento celular con manosa, trataba esas células combinando quimioterapia con manosa. Y he aquí lo que observó: las células tratadas con esa combinación no solo dejaban de crecer, sino que morían más que las tratadas con quimioterapia solamente.

No obstante, todo esto estaba ocurriendo en tubos de ensayo, no en animales vivos con cáncer, por tanto decidió trasplantar tumores humanos a ratones y tratarlos con la combinación de manosa y quimioterapia. Los que fueron tratados con la combinación no solo vivieron mucho más, sino que la mitad sobrevivieron, mientras los demás murieron en menos de dos meses.

Ahora no piensen que la manosa es una panacea; no todos los tumores son sensibles a este azúcar. Entre los tumores más sensibles están los de colon. Para completar sus investigaciones, el identificó una proteína que es la que determina la sensibilidad a manosa: PMI. Mientras menos PMI tiene el tumor, más sensible es al tratamiento con manosa.

En fin, la manosa puede que sea un paso adelante en el futuro manejo de algunos tumores malignos. Pero hay un problema: esta sustancia no se puede patentar. Ya existen píldoras disponibles en las farmacias sin receta. Se usa para tratar infecciones urinarias recurrentes y por tanto no podemos contar con que alguna farmacéutica invierta los fondos necesarios para su investigación y desarrollo. Las farmacéuticas no son instituciones filantrópicas sin fines de lucro. Eso lo sabemos bien. Sin embargo, ya se las arreglarán para aprovechar este importante hallazgo, quizás inventando una forma de disminuir la enzima PMI para de esa forma hacer que todos los cánceres sean sensibles a manosa. 

En 1992, Bill Clinton en plena campaña electoral se percató de algo sumamente obvio: el motor que gana elecciones es la economía y se dijo a sí mismo y a sus estrategas, “It’s the economy, stupid” (es la economía, estúpido). En vista de la importancia obvia de la manosa para inhibir el crecimiento del cáncer, puedo tomar prestado esa frase y decirme “no hay que quitarles el azúcar, hay que empacharlas, estúpido”.

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