Marta Beltrán Dones

Punto de vista

Por Marta Beltrán Dones
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Como George Floyd, yo tampoco puedo respirar

Cómo se respira ante la posibilidad de que alguien nos mate física o emocionalmente, todos los días, como pretexto de personas que se sienten superiores a otros solo por el color de su piel. Desde Rosa Parks encarcelada hasta las muertes de personas como Trayvon Martin en Sandford, Florida; Eric Garner en New York; John Crawford en Beavecreek, Ohio; Michael Brown, en Ferguson, Missouri; la masacre de Charleston, Carolina del Sur; las muertes de Eric Harris, en Tulsa, Oklahoma; Walter Scott, en North Charleston, Carolina del Sur y Samuel Dubose, Cincinnati; Gregory Gunn, en Alabama; Philando Castile, en Falcon Heights, Minnesota. Cómo se respira cuando en el 2018, en un reconocido lugar de café, les llamaron a dos hombres negros a la policía, por el solo hecho de que esperaban a un amigo para hacer su orden. En este año, mataron a Ahmaud Arbery y en estos días a George Floyd. 

Como profesional, son muchas las situaciones que he tenido que afrontar, las cuales van desde que mis clientes(as), cuando me ven físicamente, se asombran de que sea yo la abogada (esperan una persona blanca); sin hablar de los que  han pensado que soy la secretaria, y el sinnúmero de ocasiones que han pensado que una de nuestras empleadas de tez blanca es la esposa del doctor (que es negro); compañeros(as) de trabajo que  dicen a mis espaldas “es que se le sube lo de negra” para intentar menospreciar/encasillar/demonizar  lo que es una persona con carácter.  

En el 2008 tuve una hija negra, a la que desde mi vientre le enseñé a celebrar su negritud. Ella, con solo 12 años de edad, ha tenido que afrontar cosas como “¿estás en ese colegio porque eres becada?” (premisa de que los únicos que pueden tener esos accesos son los blancos y en menosprecio de que ella tiene unos padres altamente educados, lo que les ha permitido poder adquisitivo); “¿tú eres negrita porque te quemaste en un horno?” (premisa de que ser negro no es natural); “¿por qué te dejas ese pelo así?” (premisa de que lo blanco es lo correcto); “¿tú estás en ballet?” (premisa de que el ballet es solo para blancos); “pero tú no pareces negra” (¿es en serio?).

Entonces, no puedo respirar cuando existe una jerarquía racial de la cual nadie quiere hablar; cuando veo que los negros(as) minimizan lo que es real; cuando el alma se nos llena de cicatrices por callarnos. Lo que pasó con Floyd es una muestra de lo que pasa todos los días, pero no se dice. Gracias a la tecnología, vimos lo que sucedió, pero lo que no vimos es cómo el sistema, desde mucho antes, ya lo había estrangulado por ser negro. Sin aire no nos pueden dejar. Tenemos que respirar el mismo aire. Alabanza para todos los que el sistema, a través de sus políticas, procedimientos y prácticas, ha perjudicado. 


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