Mario Pabón Rosario

Perspectiva

Por Mario Pabón Rosario
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¿Cómo salir de la crisis sin herramientas de desarrollo?

El 11 de julio de 2017 se publicó una columna del Dr. Elías Gutiérrez titulada La causa de la Crisis. Allí, el economista atacó el planteamiento de que la causa de nuestra crisis actual es el estatus político, y planteó lo que él considera son las verdaderas razones de la crisis.  Inmediatamente, muchas voces de las que aspiran a que nunca cambie el estatus de Puerto Rico, corrieron a felicitarlo y a enarbolar la columna del Dr. Gutiérrez como un pendón de procesión.

El Dr. Gutiérrez rechaza que el estatus sea la base de los problemas de Puerto Rico.  Sin embargo, no discute las razones para esa conclusión.  En cambio, enumera lo que él considera son las verdaderas razones para la quiebra: la insuficiencia de capital y el consumo y dependencia financiado por fondos federales que han subsidiado un estándar de vida que no podemos sostener. La pregunta que no contesta el ilustre doctor es: ¿No son esas consecuencias del estatus colonial en que vivimos? Nuestro acceso al capital está controlado por un gobierno en el que no tenemos voz. El consumo y la dependencia han sido fomentados por un sistema que no desea que desarrollemos nuestra industria ni nuestra agricultura, sino que consumamos productos producidos por ellos.  El estatus actual no es inocente.

El economista esgrime un argumento que fascina a los inmovilistas: el asunto es uno de administración, y no de estatus.  Si fuera de estatus, dicen, ¿por qué hay estados y ciudades de los EE.UU., y repúblicas independientes en quiebra? En principio tiene razón; ningún sistema de gobierno administrado mal puede ser exitoso.  Pero ignora el otro lado de la ecuación.  Ningún pueblo, por mejor administrado que esté, puede progresar si no tiene las herramientas para el desarrollo económico.  Podemos clonar mil veces a Roberto Sánchez Vilella y poner esos clones  a dirigir cada agencia y municipio de Puerto Rico, y aun así no podemos superar el efecto de las leyes de cabotaje que encarecen nuestra vida, de las cláusulas constitucionales que nos impiden proteger nuestro comercio y nuestra agricultura, de los controles migratorios que nos impiden desarrollar nuestro turismo y nuestra industria aérea, ni de la incertidumbre sobre que incentivos podemos proveer a la industria extranjera, entre otras cosas.  Por mejor intención que exista, no se puede administrar bien con las manos amarradas.

El estatus actual no es la única causa de nuestra crisis. Pero tampoco está exento de culpa. Al insigne economista y a los que ahora corren a repetirlo les digo las palabras que tan de moda están en el planeta: despacito, suavecito.

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