Víctor García San Inocencio

Punto de vista

Por Víctor García San Inocencio
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¿Cómo será?

A los trabajadores de la salud y a todos los que velan por el prójimo y el Bien Común. 


¿Durará hasta el 30 de marzo este encierro? O, ¿se tratará del primero entre una serie? ¿Se achatará la curva de contagios pronto, o será como dice Trump para julio o agosto? ¿Son esos cálculos válidos para Puerto Rico? ¿Se extenderá mucho más?

Luego de una larga o más corta jornada hacia la detención del contagio acelerado domando la curva epidemiológica, ¿cuánto habrá que rehacer, repautar, modificar, demoler, reconstruir, replantear o reestructurar?

Abrumados como estamos por el lastre de malas decisiones, procesos torpes y devaluaciones profundas que laceran la dignidad colectiva e individual, se hace difícil pensar en cómo será.

Esta parálisis impuesta por las circunstancias -- y autoimpuesta por nuestro sentido de responsabilidad colectiva, nada que ver con la carencia de liderato policial-- no aplaza los estragos del colonialismo, la corrupción, ni siquiera las fantasías de la Junta de Supervisión Fiscal imposibles de implantar antes, y menos ahora.

Los huracanes, los terremotos y este insidioso COVID-19 solo han servido para patentizar nuestra condición de país desigual, inequitativo y brutalmente enjaulado. Lejos de afectar estas realidades las remachan y las profundizan, eso sí, iluminando brevemente nuestras anestesiadas conciencias.

Cuando el riesgo acelerado de muerte de quienes más han aportado, nuestros amados ancianos, o aún de nuestros jóvenes, está presente, el amor fuerza un alto en el continuo debate de lo que nos aplasta hace cinco siglos. De inmediato, sin embargo, vuelve uno a interrogarse sobre cuántos otros factores condicionantes han hecho precaria y agravan nuestra situación, y sobre cuántas trampas estructurales nos esperan para hacer todavía más difícil nuestra recuperación.

En ese momento, una conciencia más clara nos coloca en el presente y nos explica por qué localmente se empezó tan tarde a enfrentar la ahora pandemia, por qué no hubo equipos para tomar las muestras, por qué su racionamiento, por qué se mantuvieron abiertas las compuertas portuarias --no hay redundancia-- y el virus fluyó y fluyó. Claro está, corrió indetectado, así como cada una de las cadenas de contagio, pues no había, ni habrá investigación epidemiológica, ni habrá evidencia.

Eso sí, una vez las pruebas de laboratorio se realicen en mayor número será sorprendente el pico de casos confirmados, y las cargas a las conciencias de quienes con su inercia retardaron buscar los contactos, que inadvertidamente esparcieron el virus comunitariamente.

Esto es indigno, pues otros han asumido riesgos que involucran la salud y la vida, que pudieron evitarse, y peligroso, pues sirven al encubrimiento de la negligencia donde la haya habido. Más aún, desde el punto de vistade la enfermedad porquepueden propiciar nuevos pequeños brotes, o una segunda curva y otras sucesivas, luego de que la primera curva o pico se reduzca. 

Mientras el sexto día del autoimpuesto aislamiento transcurre, rezo intensamente por todos los trabajadores, y por los de la salud, por los cuidadores, por quienes mantienen operando los hogares de envejecientes, quienes están en la más frontal línea de fuego, trabajando largos turnos, ansiosos ellos mismos en el frente de una verdadera guerra.

Esos guardianes y promotores de la salud no tienen que preocuparse de más por la mediocridad de los generales, puesto que las batallas a pesar de los obstáculos las estará ganando el pueblo junto a ellos. Paulatinamente las estrategias irán corrigiéndose, se dará paso a la ciencia, y a los medicamentos, vacunas y tratamientos sin aduanas, ni torpes, ni incompetentes que irán dejando sus cargos expuestos por sus disparates. Confiemos, por otro lado, que el afán de lucro por las patentes no retarde, ni estructure estúpidas barreras para que todos tengamos acceso a sanar o a que no enfermemos.

¿Cómo y cuándo se soltará el nudo pandémico? No es fácil vislumbrarlo. Eso sí, esta carrera se ganará con fe, esperanza y caridad, y con paciencia y ciencia, que para nada es incompatible con los valores superiores del espíritu humano.  


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