Arianna María Ríos Rivera

Tribuna Invitada

Por Arianna María Ríos Rivera
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Comparto con Guaynabo el hombre más importante de mi vida

Soy la hija de Carmelo Ríos Santiago, a quien desde niña he escuchado hablar y recorrer los campos y comunidades de la ciudad de Guaynabo. Mi padre nació, creció y es residente de este pueblo. Mi familia es muy querida y respetada por los valores sociales y morales que siempre hemos observado. Reconocemos a los guaynabeños como gente de buena voluntad, luchadores y excelentes embajadores del municipio más progresista de Puerto Rico.         

Guaynabo ha cambiado mucho. De un pueblito del ayer, con una historia que atesoramos, se ha transformado en una ciudad majestuosa en la cual aspiramos vivir: segura, limpia, bien organizada, planificada y en donde se respira con pulmones verdes, como podemos hacerlo en el Parque Forestal La Marquesa cuando nos regalamos ratos de esparcimiento.         

Guaynabo es una ciudad con encantos recreativos de gran valor. Cuenta con museos, exposiciones de arte, de artesanía, conciertos, juegos deportivos, música al aire libre con la moda de los “foodtrucks”, y se disfruta tanto de los guisos de las patitas de cerdo, como de los diferentes platos de la variedad gastronómica que nos han hecho famosos, pero sencillos.         

Éramos un pueblo pequeño, ahora no tan pequeño. La Ciudad de Cinco Estrellas, una categoría alcanzada gracias a la contribución de los guaynabeños, tiene  carreteras, avenidas y expresos que permiten acceso rápido a los pueblos que la rodean; cuenta con una red de comercios que vende de todo como en botica y también con un componente de iglesias que reúne feligresía de diferentes denominaciones.         

¡Sigo enamorada de Guaynabo! Cuando les dije a mi padres quiero estudiar arquitectura, no pensaron dos veces en apoyarme. Conocían de mi pasión por el arte de diseñar espacios públicos, de crear ideas y ponerlas en marcha. Hoy, curso el segundo año de arquitectura en Florida, estado donde resido temporalmente junto a mi madre.         

Leí en la red este mensaje: “La distancia no significa nada cuando alguien  lo significa todo”. Mi padre es la persona en quien más confío, mi mentor, me aconseja en mi carrera académica. No lo voy a defraudar como sé que tampoco él defraudará al pueblo de Guaynabo.         

He seguido su carrera  para la alcaldía, su contacto con los residentes, sus recorridos por barrios y montañas. También he sentido tristeza cuando leo o escucho los ataques y mentiras en su contra, pero me dan fuerzas para creer que esas personas no conocen nada del ser humano que es Carmelo Ríos. No conocen su creatividad, honestidad y compromiso con el pueblo, con los jóvenes, con los envejecientes, con las mujeres. ¡Qué bien que el pueblo de Guaynabo sí ha tenido la oportunidad de conocer al número UNO!         

Llegué ayer a mi Guaynabo querido segura de que el pueblo le dará un voto de confianza al número UNO para que asuma las riendas de la alcaldía. Sé que desde hoy, compartiré el número UNO -el hombre más importante de mi vida- con el pueblo de Guaynabo.    

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