Myriam I. Pérez Ruiz

Tribuna Invitada

Por Myriam I. Pérez Ruiz
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Compasión con nuestros viejos

Eran cerca de las ocho de la mañana cuando observé que en la fila del establecimiento de comida al que me dirigía había un caballero que apenas podía mantenerse en pie. Le hice un acercamiento a las dos personas que hacían turno antes que él y me indicaron que “tiene que esperar”. “Yo sí, pero este caballero apenas puede sostenerse”, contesté. Así que enseguida caminé hacia el oficial que estaba controlando la entrada, y aunque en un principio se puso difícil, ante mi insistencia e indignación accedió a dejarlo entrar. 

Una vez el caballero recobró las energías, me dispuse a conocerlo. Les cuento que ese hombre con cuerpo encorvado tiene 92 años, vive solo y no tiene familia en Puerto Rico. Su cansancio extremo respondía a la distancia que caminó para poder llegar a este lugar a calmar su hambre, pues ya no le quedaban alimentos en su hogar. Evidentemente, no tenía cómo regresar a su hogar, pues el medio que utiliza para transportarse es el público. 

Luego de desayunar, decidí llevarlo a su casa y en el camino nos detuvimos en uno de los comercios en los que él, usualmente, compra sus suplementos nutricionales, entre otros “encarguitos”. De inmediato observé que el caballero que estaba en la entrada controlando el acceso al establecimiento lo trató de manera hostil, no quiso verificar si tenían disponible los suplementos que él buscaba y mucho menos lo dejó entrar. Le dijo: “tiene que hacer la fila”.

Don Carlos es uno de miles de adultos mayores que recibieron el huracán María solos en sus hogares. Afortunadamente, aun cuando su apartamento se inundó, pudo salvar sus pertenencias y un vecino le ayudó a remover el agua. El condominio en el que vive no tiene generador de electricidad, pues al igual que sucede en todo el país, no cuentan con combustible para su operación. Así que tiene que subir y bajar escaleras para acceder a su apartamento. Como regla general, su alimento diario consiste en suplementos o avena.

Su lucidez, su memoria y voluntad por ser autosuficiente son asombrosas. Don Carlos me demostró, una vez más, que no hay mejor medicina para nuestro cerebro que mantenerse aprendiendo. Sus pasatiempos son: leer, escribir, pintar y escuchar música clásica. Eso explica la claridad de su pensamiento y memoria fotográfica. De hecho, este señor ha escrito siete libros.

Conforme con el Censo Federal (2011-2015), la población de adultos mayores de 65 años en la isla sobrepasa las 780 mil personas, la proporción más alta en todos los Estados Unidos. Sus ingresos se desvanecen en gastos de alimentos, medicamentos y tratamientos médicos. Se espera que para el año 2020 una cuarta parte de nuestra población sea mayor de 60 años. Por lo tanto, debe haber miles de casos como el de Don Carlos alrededor de la isla. 

Si el puertorriqueño común está atravesando gran dificultad para cubrir sus necesidades básicas, ¿ha pensando usted cómo la están pasando miles de ancianos puertorriqueños solos, sin comida y sin forma alguna para movilizarse? Es momento de solidarizarse, sentir compasión con la población adulta de nuestro país y respetar sus derechos.

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