Filipa Godoy Vitorino

Punto de Vista

Por Filipa Godoy Vitorino
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Comunidad científica unida para combatir el coronavirus

Esta semana, científicos de universidades en Puerto Rico, de la diáspora, de laboratorios clínicos privados y representantes del Departamento de Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) -alrededor de 53 personas- se reunieron en una vídeo-conferencia para dialogar sobre la capacidad local para hacer la prueba de diagnóstico del COVID-19 en Puerto Rico. 

El propósito fue identificar cuáles y cuántos de los laboratorios en Puerto Rico están desarrollando actualmente la prueba de diagnóstico y cuáles son las necesidades para aumentar la capacidad de hacer más pruebas diariamente. La prueba diagnóstica es esencial para una respuesta política y social adecuada. Hacer pruebas a pacientes con síntomas de COVID-19 ayudará a entender cambios en la prevalencia del virus, cómo se extiende la pandemia a nivel local, y hasta nos informará cuándo mantenernos en aislamiento. 

La comunidad científica ha puesto a disposición de los laboratorios, recursos físicos (equipos, materiales, reactivos) y también contactos, para acelerar que en pocos días  podamos diagnosticar a mucha más gente en mucho menos tiempo. Hay mucho talento, ganas y apoyo, así que ¡no perdamos el ánimo!

Hay limitaciones para la colección de muestras y también para la validación del diagnóstico clínico que esperamos superar prontamente, ya que contamos con expertos a lo largo de nuestra geografía listos para proveer este servicio. Pero no estamos solos ante estas limitaciones. En Estados Unidos, en los meses de febrero y marzo no han diagnosticado al ritmo que lo hacían los asiáticos o europeos, por lo cual epidemiólogos anticipan una posible explosión de infectados, sin saber precisar la extensión o duración de la pandemia. 

En Corea del Sur – con una población seis veces menor que la de Estados Unidos – están conduciendo pruebas de diagnóstico de manera masiva, llegando a varios miles de pruebas más que en Estados Unidos e incluyendo a personas asintomáticas.

Otro tópico en la vídeo-conferencia fue establecer un protocolo para permitir utilizar el sobrante del ARN (molécula genética del virus), de las pruebas positivas, para secuenciar el genoma  del coronavirus en Puerto Rico. Al conocer su código genético, el manual de instrucciones del virus, podemos saber cómo funciona, cómo cambia a lo largo del tiempo e incluso comparar con las secuencias de otros virus ya depositados en las bases de datos públicas.

Según se puede observar en la página de epidemiología molecular del SARS-CoV-2 , el coronavirus está sufriendo mutaciones. Los que circulan en Europa o Estados Unidos ya no son exactamente iguales a los que circulaban en China, algo común con el virus de la influenza. La velocidad con la que los científicos hacen accesible este tipo de datos genómicos es impresionante; el 17 de marzo había 539 genomas y un día después más de 150 nuevos genomas ya estaban disponibles y el número sigue en aumento. Acceder a esta información y seguir la trayectoria de los virus es importante, para entender si se han acumulado mutaciones que puedan codificar para saber cuán virulenta o letal es la cepa, u otra propiedad clínicamente relevante. 

En otros países ya se están probando vacunas, antivirales, tratamientos combinados con cloroquina y antibióticos con grandes resultados, y hasta suero con anticuerpos (que ojalá sean protectores y de larga duración). Hay luz al final del túnel.

Que siga la generosidad y solidaridad que encontré en este grupo de distinguidos profesionales científicos y de la salud, que se perpetúe en el tiempo, que se encuentren soluciones, y que nuevas colaboraciones y avances científicos surjan para beneficio de todos.

Así que ¡den paso a la ciencia!, seamos optimistas y confiemos que juntos lo vamos a superar.

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