Noelia Enid Arroyo Hernández

Punto de Vista

Por Noelia Enid Arroyo Hernández
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Conciencia ante un huracán

Todo puertorriqueño ha quedado marcado por el huracán María. No hubo rincón que no sufriera daños. Fue vital para muchas familias que las comunidades unieran fuerzas para socorrer a los más afectados. El trabajo voluntario fue clave para la sobrevivencia de muchos y la recuperación. La conciencia colectiva salvó vidas.

A dos años de esa pesadilla, cuando aún tenemos miles de hogares con techo de toldo o zinc, la naturaleza nos sorprende con otro fenómeno. Cuando es inminente que tocara suelo boricua, recordamos el terror vivido. Sabemos que el sistema eléctrico es vulnerable y que no habrá servicio de agua. Queremos estar preparados. Necesitamos provisiones, comida enlatada, agua, baterías, gasolina. Nos desesperamos y corremos al supermercado.

Todo está más o menos bien hasta que nos notifican que hay límite de productos por cliente. Eso nos molesta, nos altera. Nos quejamos con el empleado. Enseguida nos ponemos creativos para comprar más de lo que nos corresponde. Llevamos a toda la familia para que cada uno pase como otro cliente. O paramos en el próximo supermercado a hacer lo mismo. Así, de dos galones de agua que nos correspondían, llegamos a casa con 12.

No pensamos que con esos diez galones de más, dejamos a cinco hogares sin los suyos. Hogares donde puede haber niños, ancianos, enfermos, embarazadas. Solo pensamos en nuestra familia. Ni pensar que pueda faltar agua de tomar en nuestra casa. Pero entonces, no nos importa que en otra casa falte. Somos egoístas cuando no es momento para serlo.

En una emergencia el individualismo pone en riesgo la vida de otros. La conciencia colectiva que nació en los puertorriqueños tras el desastre de María, la necesitamos desde el inicio de la emergencia. Y si esa conciencia colectiva la desarrolláramos en otras situaciones, con gran probabilidad erradicaríamos diversos problemas sociales.

Para toda emergencia, sigamos las normas. Todos estamos en el mismo barco. Pensemos en el prójimo. No queramos acapararlo todo. Dios nos bendice y él proveerá.

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