Ramón Cruz

Tribuna Invitada

Por Ramón Cruz
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Conciencias sonoras y cambio climático

La semana pasada, el Conservatorio de Música de Puerto Rico celebró su cuarto simposio de investigación musical llamado “Conciencias Sonoras: Reflexiones Pos-María desde la Música y el Arte al Cambio Climático”.  Tuvo un programa excelente que fue desde la improvisación en piano por el maestro Alfonso Fuentes de la plena “Temporal” y la presentación de la pieza teatral “Ay María” de Mariana Carbonell, hasta presentaciones sobre la utilización de la música como método terapéutico para lidiar después de una crisis aguda, y el marco regulatorio y legislativo sobre la contaminación ambiental por ruido.  Creo nunca haber participado en un evento académico tan interdisciplinario.

Este simposio nos sirve para repensar a Puerto Rico después de un evento que marca a toda una generación.  La música, el teatro y la cultura en general nos ayudaron a asimilar el desastre físico, ambiental y emocional. En momentos en que se considera privatizar, cerrar o vender hasta el mismo Conservatorio, cuna de tantos músicos que nos llenan de orgullo, este es un ejercicio, no solo importante, sino vital para la conservación de la cultura en todos sus aspectos, siendo lo ambiental, uno de varios.

Una pregunta central en el simposio fue ¿cuán resiliente es Puerto Rico? ¿Cuán preparada está nuestra infraestructura física ante otro embate natural como otro huracán o terremoto? ¿Qué de nuestra infraestructura natural; ¿qué de nuestra cultura; nuestra música?

“Conciencias Sonoras” indagó grandemente también en cómo el ruido y los sonidos han cambiado a raíz del paso de María.  ¿Cómo sonaba El Yunque antes del huracán? ¿Qué ruido nos tapaban o nos traían la fila de árboles que separaba una urbanización del expreso? ¿Reconocíamos los cantos de pájaros específicos? ¿Cuántos nos dimos cuenta de cuánto tiempo el coquí dejo de cantar? Sabemos que no solo afectó a los seres humanos sino a otros seres vivos y no vivos como la montaña, los ríos, el viento, la carretera. Pero en el entorno habitado por los humanos destapó también unas graves diferencias sociales que muchos no reconocían o no querían reconocer. 

En la conferencia magistral, “Cambio climático y mundo sonoro de la América Indígena”, la Dra. Ana María Ochoa de Colombia exploró cómo no hay diferencia entre los sonidos o la música creada por el ser humano y aquellos producidos por los no humanos.  Esto se transfiere a todo una cosmovisión en la que no se puede separar la naturaleza y el entorno, lo que lleva a estas culturas ancestrales a un respeto y una consciencia que el mundo occidental nunca ha podido tener, creyéndose dueño y señor del planeta.  Por eso las culturas originales en Luisiana o Texas ya conocían dónde construir y dónde no, cuando las ciudades de Nueva Orleans o Houston fueron creadas, pudiendo evitar desastres como los de Katrina o Harvey.    

Es increíble cómo con todos los avances tecnológicos y la experiencia de siglos, los tomadores de decisiones no aprenden del conocimiento de tanto tiempo.  La erosión de las costas o una inundación tras una tormenta deben ser indicio de dónde hubo errores de planificación y dónde no se debió haber construido.  En Puerto Rico necesitamos mejor gestión gubernamental que nos lleve a decisiones mejor informadas. Desafortunadamente, la propuesta del gobierno tras María de cerrar o vender múltiples agencias nos llevará a lo contrario.  Sin Conservatorio o Instituciones similares, la próxima tormenta se llevará hasta lo que nos queda de cultura puertorriqueña. 

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miércoles, 27 de junio de 2018

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