Liza Gallardo Martín

Tribuna Invitada

Por Liza Gallardo Martín
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Con derecho a pedir asilo y protección

Estas últimas semanas hemos vistos las impactantes imágenes de miles de migrantes centroamericanos que se desplazan por México con la esperanza de llegar a la frontera de los Estados Unidos para pedir asilo.

La caravana de migrantes está compuesta por miles de personas del Triángulo Norte de Centroamérica que huyen de sus países por la violencia, la extorsión a manos de grupos de delincuencia organizada, la ausencia de protección de sus gobiernos y la precariedad de la condiciones de vida que deben soportar.

Estas personas en ruta a Estados Unidos no son delincuentes o una amenaza a la seguridad como señalan campañas dirigidas a demonizar a estos grupos de personas que piden protección.

En su retórica antinmigrante el presidente estadounidense Donald Trump ha dicho que implementará restrictivas políticas para impedir que las personas solicitantes de asilo, refugiadas y migrantes procedentes de Centroamérica puedan entrar a los Estados Unidos. Esto constituye una violación al derecho internacional y de la legislación nacional, además de provocar una crisis en la frontera.

Las personas que buscan refugios en puerto de entrada a Estados Unidos deben ser recibidas, autorizadas a solicitar asilo y remitidas a una autoridad pertinente para que estudie su solicitud. El criminalizar a estas familias que piden protección pone en riesgo sus vidas y causaría daños irreparables. También es inhumano e ilegal detener indefinidamente a los migrantes, especialmente niños y niñas en tiendas de campañas y separarlos de sus familias.

Amnistía Internacional publicó un informe en el que concluye que las autoridades de fronteras estadounidenses violaban de forma habitual el derecho tanto nacional como internacional al expulsar en la frontera a solicitantes de asilo sin registrar ni determinar su solicitud.

Amnistía Internacional no se opone a que los gobiernos utilicen controles fronterizos, pero estos han de ser legítimos y respetar los derechos humanos, incluido el derecho a pedir asilo.

No hay estudio que indique que la llegada de familias, caravanas o personas solicitantes de asilo o refugiados esté ligada a un aumento de las tasa de criminalidad ni en México ni en Estados Unidos. Las autoridades deben proteger a las personas que huyen de la violencia, garantizar los derechos de los integrantes de la caravana migrante y reconocer inmediatamente que todas las personas tienen derecho a solicitar protección.

La gran mayoría de estas personas no tienen elección más que marcharse urgentemente de su país debido a la violencia y persecución en la que viven. Cualquiera de nosotros ante una situación de riesgo como esa también tomaríamos la difícil decisión de huir por la seguridad de nuestras familias. Es momento de ser empáticos con la personas que se encuentran en situación de riesgo. Los inmigrantes no son criminales, son seres humanos que aspiran a una nueva oportunidad.

Los flujos migratorios en el mundo no se detendrán por muros y al aumentar la vigilancia en las fronteras. Hay que reclamar a los gobiernos y a quienes colaboran con ellos que respeten los derechos humanos de su población. Son millones de personas en el mundo que abandonan sus hogares en contra de su voluntad enfrascados en viajes peligrosos porque sus gobiernos son incapaces de protegerlos ante la violencia y persecución o garantizar una vida digna para sus familias.

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