Aurelio Mercado

Tribuna Invitada

Por Aurelio Mercado
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Con fiebre alta nuestro planeta

Para esta fecha debe de ser obvio, hasta para el más recalcitrante escéptico, que el planeta tiene fiebre alta.

Las temperaturas superficiales del Océano Atlántico están por encima de los 82 grados Fahrenheit que se dan como necesarias para la formación de huracanes. Y esta calentura se extiende desde África hasta el Golfo de México.

Dicho sea de paso, al 17 de septiembre de 2017 las temperaturas superficiales del Atlántico no tienen nada que envidiar a las temperaturas superficiales en el Pacifico occidental, y en el Océano Indico, siendo estos dos últimos océanos conocidos por sus altas temperaturas.

Sin embargo, más importante que la temperatura superficial es el Contenido de Calor del Océano (OHC por sus siglas en inglés). Sobre el 90% del desbalance (debido al efecto de invernadero) existente entre la energía que recibimos del Sol y lo que la Tierra re-irradia hacia el espacio se almacena en el océano, y medidas de ese contenido de calor en los primeros 2000 metros de profundidad, a nivel de todo el planeta, muestran que el OHC ha ido subiendo desde cuando se empezó a medir (a finales de los 50), alcanzando su máximo en los años 2015-2016.

La importancia está en que la intensidad de los huracanes correlaciona mejor con el calor almacenado en esa columna de agua que con la temperatura superficial de esa columna. La razón es sencilla. Los huracanes, en su paso, inducen que el agua profunda aflore a la superficie. Esa agua normalmente es más fría, lo cual perjudica al huracán. Pero cuando esa columna de agua esta con temperaturas record, entonces ese afloramiento no tiene tanto efecto negativo. Dicho sea de paso, el OHC es una medida mucho más robusta del calentamiento del planeta, mucho más que la temperatura del aire, debido a la gran inercia térmica del agua, con su gran calor especifico.

Por eso es que se han roto records meteorológicos. Por ejemplo, el huracán Irma, junto con el huracán Patricia (que atacó la costa del Pacifico de México en 2015 y llegó a tener vientos sostenidos de 215 mph) han sobrepasado el límite de vientos máximos que conceptos simples termodinámicos permiten.

Hemos vistos una temporada de huracanes con tres de categoría 5, y contando. Estamos viendo dos categorías 5 atacar la misma región del Caribe uno detrás del otro, con solo dos semanas de separación. Además, hemos visto como Irma rompió record de más días en categoría 5.

María, según reportes divulgados en la noche del lunes por el Centro Nacional de Huracanes, alcanzó la categoría máxima de 5, aumentando sus vientos máximos sostenidos a 160 millas por hora (mph), con ráfagas más fuertes.

En ese momento, el pronóstico era que el fuerte huracán se movería cerca de Dominica y otras islas de Sotavento a corto plazo, sobre el extremo noreste del Mar Caribe durante el transcurso del martes. Ya el miércoles llegaría a Puerto Rico.

La atmosfera y el océano tienen variabilidad natural, pero es obvio que esto se sale de la norma.

Por muchísimos años tuvimos suerte. No hay razón física de porqué esos huracanes intensos se iban por el norte o por el sur. Solamente suerte. Y parece que se nos acabó.

Ahora es que vamos a ver las consecuencias de la mala planificación que ha permeado por años en esta isla. Es obvio que ese patrón de mala planificación tiene que cesar.

Dios nos coja confesados.

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