Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
💬 0

Conflicto parental y bienestar de los hijos

A pesar de que en años recientes hemos visto una baja en las tasa de divorcio del país, la realidad es que estas se mantienen a niveles altos. Esto quiere decir que día a día tenemos un sinnúmero de parejas que, ante diversas situaciones, deciden culminar su relación sentimental. En el caso de aquellos que no tienen hijos, esta ruptura puede desembocar en no tener mucho o ningún contacto con la otra parte. Sin embargo, en el caso de aquellos que tienen hijos o hijas, el divorcio solo marca la transformación de la relación a una enfocada primordialmente en los menores.

La mayor parte de las rupturas, por no decir todas, están marcadas por algún tipo de conflicto. Estos conflictos tienden a aumentar cuando la causa de la ruptura es la infidelidad. También se dificulta cuando las partes no pueden ponerse de acuerdo en cuanto a la división de bienes gananciales o la custodia de los hijos. Algunas parejas negocian esta ruptura mejor que otras. Lamentablemente, existen casos donde los hijos son utilizados como fichas de juego en el conflicto parental. Las conductas de los padres pueden incluir hablarle mal del otro padre, poner al niño en la situación de mediar entre las partes y minimizar o eliminar el tiempo de contacto que el menor tiene con papá o mamá.

Las consecuencias de estos conflictos son variadas y adversas para el niño. Múltiples investigaciones han evidenciado que el indicador principal de problemas para los hijos no es el divorcio, sino la continuidad del conflicto entre los padres. En muchos de estos casos, los niños presentan peores indicadores de salud mental y física cuando los padres continúan en conflicto y el niño evidencia constantemente el mismo.

Otras consecuencias adversas pueden ser problemas de conducta, dificultades relacionándose con pares u otros miembros de la familia, problemas de sueño, problemas digestivos, fatiga, depresión, ansiedad  y bajo rendimiento académico. Cabe destacar que el impacto negativo se ve también en las destrezas que el niño desarrolla para lidiar con sus propios conflictos. El ejemplo de papá y mamá es esencial para que el niño adquiera las destrezas para manejar problemas interpersonales en el futuro.   

El conflicto entre los padres también tiene un impacto notable en la calidad de las destrezas de parentesco. Padres que están involucrados en situaciones de conflicto, pueden exhibir niveles más altos de hostilidad hacia el niño o niña, estilos de parentesco intrusivos (haciendo preguntas constantes al niño acerca de la vida de papá o mamá), y desinterés en el niño y sus actividades, particularmente aquellas que realiza con el otro padre.

Las actitudes no tienen que ser evidentemente agresivas. Muchas veces observamos altos niveles de microagresiones. Las microagresiones son conductas verbales o no verbales, a veces no intencionales, que revelan agresividad en contra de una persona. Este cúmulo de conductas y prácticas tiene consecuencias negativas para el desarrollo del niño.  

Este cuadro hace imperante que padres que estén pasando por algún conflicto, identifiquen recursos de ayuda para mejorar la comunicación y resolución de conflictos. Es recomendable que esta ayuda se busque antes de desembocar en una ruptura. Algunos recursos de ayuda pueden ser terapistas de familia, psicólogos clínicos y consejeros profesionales. La ayuda también puede ser a nivel individual para que el padre o la madre trabajen con los sentimientos asociados a la ruptura. Otra razón para buscar ayuda es cuando las partes están negociando decisiones relacionadas a los hijos y no se pueden poner de acuerdo. Un psicólogo u otro profesional pueden servir de mediador entre las partes.

Reconozco que una de las barreras para que las parejas identifiquen recursos de ayuda es el estigma asociado a ir a un psicólogo. Culturalmente pensamos que las personas que buscan este tipo de ayuda no pueden manejar sus problemas, son débiles o están locos. Esto es particularmente cierto para los hombres por nuestra asociación de lo masculino con la fuerza física y mental.

Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. El buscar ayuda nace de una posición de fortaleza, ya que representa la priorización del bienestar propio y el colectivo. En este caso, es concretamente el entender que el conflicto puede ser dañino para todos los involucrados, en especial para los hijos quienes tienen poco o ningún control sobre la situación.

Recuerde, los conflictos de la pareja, son de la pareja. Los niños ya tienen que lidiar con el dolor de la ruptura y el sentido de pérdida de control en su mundo. El interés de los padres debe ser el proveerles las herramientas para navegar esta situación de manera efectiva. Esto incluye vincularlo con recursos de ayuda, fomentar sus interacciones sociales y asegurarse que el o ella sepan que aunque usted se separa de su padre o madre, ustedes siempre serán aliados y socios en la vida de su hijo.  Le comento esto como psicólogo y padre divorciado. Le doy fe que la mejor estrategia para fomentar el bienestar de sus hijos es teniendo una relación cordial con su expareja y visualizándose como socios en el proyecto de vida que es la crianza de sus hijos.  

Otras columnas de Eduardo A. Lugo Hernández

💬Ver 0 comentarios