Emilio Pantojas García

Tribuna Invitada

Por Emilio Pantojas García
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Congreso a Puerto Rico: No hay vuelta atrás

El Congreso de Estados Unidos acaba de aprobar una ley de reforma contributiva que, de no enmendarse, constituye el último clavo en el ataúd de la manufactura de exportación en Puerto Rico. Hablemos con propiedad, esta medida no será la causa de la debacle económica de Puerto Rico. Como hemos repetido hasta el cansancio, la economía de Puerto Rico colapsó al principio de este milenio y sus causas principales son la mala gobernanza, la corrupción, la incapacidad y falta de voluntad de la clase política, y la plutocracia puertorriqueña para reposicionar la economía en el nuevo orden global.

En 1990, concluí en mi libro Development Strategies as Ideolgy que la manufactura de exportación en la que se centraba la economía puertorriqueña dependía de medidas excepcionales que articularan una convergencia de intereses entre las empresas transnacionales norteamericanas, el gobierno federal y el gobierno de Puerto Rico (pp.171-72).

En 1996 la Administración Clinton derogó la sección 936 y otorgó un periodo de 10 años para la eliminación total de este beneficio. Esto coincidió con la creación de la Organización Mundial del Comercio y la proliferación de tratados de libre comercio que socavaron el libre acceso de exportaciones de la isla al mercado de Estados Unidos. Por estas razones, la mayoría de las corporaciones 936 abandonaron la Isla en busca de nuevas ventajas competitivas en las economías emergentes de Asia. Sólo un puñado de farmacéuticas se quedaron reincorporándose como “compañías foráneas” subsidiarias de transnacionales norteamericanas para beneficiarse de incentivos fiscales bajo el código federal.

Desde entonces, la kakistocracia, la plutocracia y sus asesores económicos locales siguen insistiendo sin éxito en buscar en el Congreso medidas excepcionales para la manufactura de exportación. Ante el fracaso, optaron por el endeudamiento masivo y llevaron al país a la bancarrota. En medio de la bancarrota llega el huracán María, que dejó la infraestructura del país en ruinas. No se trata ya de implantar programas de austeridad draconianos para recuperarnos reestructurando la economía. Después de María no tenemos ni cómo, ni con qué regresar al punto cero para intentar reconstruir y recuperar la competitividad y viabilidad económica de Puerto Rico. Por eso la Junta de Control Fiscal parece estar anonadada y busca cómo rearticular su misión imposible: estabilizar las finanzas para regresar al mercado financiero.

Hemos tocado fondo. Es claro que nadie nos va a ayudar si no iniciamos nosotros el proceso de reconstrucción y planteamos soluciones. No se puede mirar al pasado, ni dejar la reconstrucción en manos de élites corruptas e incompetentes desacreditadas ante el gobierno metropolitano y la comunidad económica internacional. La sociedad civil y los actores políticos con credibilidad deben aliarse para mirar hacia adelante y plantearnos cómo conseguir recursos para reconstruir, reestructurar y rediseñar un modelo de desarrollo económico centrado en una nueva economía viable, sustentable y dinámica.

Es necesario entender que, como el resto del Caribe, la economía puertorriqueña no tiene ventajas competitivas frente a Asia para atraer manufactura de exportación, salvo en algunos nichos, y que el proteccionismo industrial colonial es cosa del pasado. El neoproteccionismo de Trump no incluye a Puerto Rico. Es también necesario que el poder colonial resuelva la condonación de la deuda o su reestructuración mediante mecanismos como el “Quantitative Easing”, usando el Banco de la Reserva Federal.

Se requiere también conseguir miles de millones de dólares para la reconstrucción de una infraestructura que no repita los vicios y errores del pasado, y utilice nuevas tecnologías y conocimientos para optimizar el uso de recursos renovables, así como el reciclaje de desperdicios y otros materiales. La pregunta crucial no es simplemente qué queremos hacer, sino qué podemos hacer con lo que tenemos. El mensaje del Congreso parece claro: no hay vuelta atrás.

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