Antonio Pérez Aponte

Tribuna Invitada

Por Antonio Pérez Aponte
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Con la huelga en la UPR la Junta ganará

Puerto Rico enfrenta un gran reto. Si la Universidad de Puerto Rico se queda con los brazos cruzados, el país sufrirá el embate de las determinaciones del Gobierno y la Junta de Supervisión Fiscal. Los estudiantes, que se convocan para exigir la restauración del orden y la justicia, deben articular una estrategia que responda a la realidad política, recabar respaldo popular y mitigar el daño que se inflige al país.

Ante las circunstancias actuales, una huelga indefinida implica un conflicto que pone en riesgo a la propia Universidad. Si se cierra, la Junta ganará porque se implantarán los recortes a partir del cierre. La administración colonial utilizará la confrontación para justificar arbitrariedad, incluyendo la privatización de recintos. ¿Entonces, qué estrategia obligaría a negociar y revertir lo que es injusto e indiscriminado de una política que afecta el futuro de la Universidad y de los sectores productivos puertorriqueños?

Desde la campaña electoral, la gestión de Ricardo Rosselló se caracterizó por un doble y errático discurso.  Ahora, como gobernador, creó la ficción de los “más vulnerables” que, sin negar diferencias, sirve al propósito de dividir la opinión pública por segmentos. Una oposición fraccionada y tímida permitirá implantar sus políticas draconianas a jubilados, trabajadores y empresarios puertorriqueños. De paso, soslaya que las medidas afectan a todos y que los que obtienen más ganancias son los que menos aportan al Erario.

A los sectores productivos del país se les asigna todo el peso de la crisis fiscal. Se eliminan beneficios a los trabajadores, exigen recorte de pensiones en un 10%, reducen el presupuesto de la Universidad en 30% y amenazan con reducir la jornada laboral de los empleados públicos y maestros. Sin embargo, las empresas foráneas sólo pagan el 4% sobre las multimillonarias ganancias de capital que sustraen y no se les puede exigir nada a las megatiendas que extraen la riqueza del país y evaden tributar mediante trucos contables de transferencia de costos.

Y aún no concretan un plan de crecimiento económico que dé alguna esperanza. Articularlo será difícil bajo el régimen de sujeción a otro país, por lo que será improbable que alcance sustentabilidad para el nuestro.

Si la huelga general política resulta contraproducente, la estrategia debe ser convertir a la Universidad en foro abierto de educación, discusión, protesta y denuncia permanente con miras al plebiscito del 11 de junio. Contra ese horizonte se podrá negociar y ganar tiempo. Los recintos se sumarán. El Gobierno y la Junta prestarán atención. Después será otro cantar.

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