Mabel M. Figueroa Pérez

La Tilde de Mabel

Por Mabel M. Figueroa Pérez
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Con o sin barba, la indignación no es montaje

Palabra: Montaje

Significado: Acción de armar algo

Etimología: Proviene del sufijo -aje (conjunto) sobre el verbo “montar”  

El gobernador se afeitó ayer el “look” de la barba que lució por ocho meses. Imagino que se deshizo de los pelos en su rostro intentando enterrar esa imagen del Ricardo Rosselló acechado, acorralado, dando las últimas bocanas de aire como político. Tratando de reproducir un facsímil de aquel joven que bailaba en una tarima y celebraba la confianza que le prestaron los electores que lo pusieron en La Fortaleza.

Pero eso es imposible.

Él mismo trituró esa confianza. Y aunque no lo entienda, no hay forma de rehacer lo que ya no existe.

La indignación en el país no es montaje. Las imágenes del colosal paro nacional no mienten, no son parte de una estrategia para producir una “realidad” artificial, como cuando en el escandoloso chat le ordenó a su círculo íntimo: “Un videíto de 15 ss. Priceless. Puede que se monte... you know... silvestre”. No, lo que vimos y vivimos ayer no es un montaje.

Y me recordó una escena de la década de 1990: una indígena que se paró frente a la casa de gobierno en Perú y se puso a lavar y planchar la bandera de su país. Fue la forma en que protestó para condenar la corrupción en la administración del convicto expresidente Alberto Fujimori.

Fue tan poderoso, tan estremecedor para la conciencia colectiva, que aún está vivo en mi memoria.

El proceso de residenciamiento está corriendo paralelo y esa manifestación de repudio masivo que se vio ayer provocó que de los seis representantes en contra de que se active ese mecanismo, al menos uno cambió su postura: Miguel Romero.

Y al menos hasta la medianoche, aún había cinco que seguían firmes en su postura de que Rosselló no debe ser enjuiciado políticamente en la Asamblea Legislativa.

-Lourdes Ramos

-José “Pichy” Torres Zamora

-Luis “Junior” Pérez

-Margarita Nolasco

-Rafael “June” Rivera Ortega

Si hoy cambian de parecer, se unirían a la mayoría del PNP en la Legislatura. 

Hay momentos en los que la indignación real, no la de un montaje, supera todo. 

Sí, la indignación por la corrupción, por la repugnante mofa sobre los muertos del huracán María que escribió el renunciante portavoz del gobierno ante la Junta de Supervisión Fiscal, Christian Sobrino: “¿No tenemos algún cadáver para alimentar a nuestros cuervos?”, mientras se acumulaban los cuerpos sin vida en el Negociado de Ciencias Forenses (NCF) y las familias vivían la desolación de la pérdida y, sí, de la larga espera.

Y eso, no es un montaje.

Para los cinco legisladores, tengo varios ejemplos de puertorriqueños marcados por la muerte de los suyos en esta tragediaque seguimos arrastrando.

A esos cinco les recuerdo la angustia de Hilda y Wilfredo cuando sus tres hermanas fueron sepultadas por un alud durante la emergencia. Se llamaban Iris, Carmen Gladys y Sara Luz. Sus hermanos tuvieron que esperar ocho días para que las sacaran del cuarto donde la tierra se tragó sus vidas. Pasaron el suplicio de tener que esperar hasta el 8 de mayo de 2018 para que les entregaran las cajitas con las cenizas de las tres y así poder enterrar sus restos, tener un lugar donde ir a honrarlas y recordarlas.

Fue en Utuado. Y no, esto no es un montaje.

A esos cinco les recuerdo la agonía de Jeannette Matos Ruiz de perder a su hijo de tan solo 18 años por la negligencia de un hospital en atenderlo a tiempo. Murió de leptosperosis. Se llamaba Javier Jesús Miranda Matos y era el héroe de la mujer que lo trajo a la vida. Era su primogénito. “No hay que tener un diploma para tener moral, decencia y respeto”. Son palabras que me dijo y resuenan cada vez más alto. 

Fue en Toa Baja. Y no, esto no es un montaje.

A esos cinco les recuerdo la devastadora experiencia de Carmen y Marta, de perder a su padre en medio del huracán. Y la ardua tarea de Ángel de tirarse en medio de los fuertes vientos, cuando las laderas de las montañas se derrumbaban y los ríos estaban bravos, para buscar ayuda. La desesperación de la familia de ver el cuerpo del patriarca desintegrándose mientras sacaban el agua de la casa inundada. Nunca lo dejaron solo durante los tres días que tuvieron que esperar. El cura tuvo que salir a la acera para rezar junto a su familia el responso por los difuntos antes de que siguieran hacia el cementerio. Se llamaba Teodoro Colón. Tenía 82 años.

Fue en Orocovis. Y no, esto no es un montaje.

A esos cinco les recuerdo el desconsuelo de Nelson Serrano que a un año del huracán seguía sumido en una profunda aflicción por la muerte de su hermano David. La congoja de tener que esperar casi tres días porque se abrieran caminos para poderlo sacar de la casita para sepultarlo. Fue en Bayamón. Y no, no es un montaje. 

Les recuerdo a esos legisladores y al propio Rosselló la historia contemporánea, como cuando el primer ministro de Islandia, Sigmundur David Gunnlaugsson, renunció a su cargo solo dos días después de que 10,000 ciudadanos asqueados salieran a protestar luego que se le vinculara a los famosos “Panamá Papers”.

Le recuerdo también al expresidente de Argentina, Fernando de la Rúa, que renunció en medio de protestas intensas tras la imposición del llamado corralito. Dio un mensaje televisado en el que declaraba el estado de sitio y la gente reforzó las manifestaciones con más rabia. Dos días después renunció, se montó en un helicóptero y se fue.

Y no, nada de esto es un montaje.

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