Eudaldo Báez Galib

Tribuna invitada

Por Eudaldo Báez Galib
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Con PROMESA el PNP gana

Despotismo. Jamás imaginé que utilizaría esa palabra en nuestra relación con Estados Unidos. Pero PROMESA—golpismo por petición—llegó mientras releía “Democracia en América” de Tocqueville. Éste explica que bajo un déspota, “La voluntad del ser humano no se destroza, pero se suaviza, dobla y dirige; los seres raramente son forzados a actuar, pero están constantemente restringidos de actuar. Tal poder no destruye, pero evita la existencia; no tiraniza, pero comprime, enerva, extingue y deja estupefacto al pueblo hasta que cada nación es reducida a nada menos que un rebaño de animales tímidos e industriosos, del cual el gobierno es el pastor.”

Esa ley diseña una Junta con mayoría republicana para satisfacer su filial aquí. La refuerza dando su presidencia al empresarismo penepeísta y la abulta con un coautor de los bonistas. O sea, aun perdiendo las elecciones, el PNP controlará los recursos del país. A cambio, el PNP acepta el trabajo sucio de enterrar la estadidad.

A todo esto sumemos el factor Obama, con su compromiso, sellado sobre un sándwich en Ocean Park, de atender el asunto del estatus. Pero contrario a lo acordado, que era proveer un campo de juego nivelado, lo desarticuló imperialmente.

¿Y qué hacer ahora? La revolución como mecanismo de reacción pasó de moda. Aparte de que cada célula organizando la sublevación estaría compuesta mayormente por encubiertos y confidentes federales, con un par de boricuas de buena fe. Y lo obvio, que una sociedad en venta nunca se revuelca. Además, la experiencia apunta a que al momento de la verdad, hay puertorriqueños dispuestos a matar puertorriqueños. El apreciado Juez Torruellas vaticina que sí puede haber violencia, pero no creo, pues la complacencia hipnotiza. Salvo que ante alguna escases peligrosa la violencia sea por comida. Y los principios no son comida.

Aquella expresión poética de De Diego, “!Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste! Haz como el toro acorralado: ¡muge!, o como el toro que no muge: ¡embiste!”, se tiene hoy por chifladura. ¡Ojalá miento! Fíjense, que no es ni necesario embestir. Con un par de mugidos, a lo Vieques o Fortunata, aunque no se detenga el inmenso poder del cangrimán (puertorriqueñismo para “congressman”), por lo menos deja consignado para la historia que hay vergüenza.

Reconozcamos que PROMESA es despotismo y autogolpe, ambos por consentimiento comprado…y que el filósofo tenía razón: “El fuerte determina los acontecimientos; el débil sufre lo que el destino le impone”. (Máxime, cuando nuestra debilidad es autoimpuesta.)

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