Alejandro García Padilla

Tribuna Invitada

Por Alejandro García Padilla
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Construir o apedrear

La política es un camino pedregoso y empinado. No es “un sendero entre mayas arropás de cundeamores”. Es más bien un camino entre “zarzas y espinas”. Cualquiera pensaría que por su dureza nadie quisiera estar ahí, pero está lleno. Pocos admiten que les gusta. Unos quieren y no se atreven. Otros no la quieren, pero viven de ella. Como en todos los caminos de la vida, en la política hay de todo. Gente buena, gente mala. Hay humildes. Hay egocentristas. Hay valientes. Hay cobardes. Hay decentes. Hay ladrones. Hay humildes. Hay vanidosos. Hay vagos. Hay trabajadores. Conocer quién es quién es siempre cuestión de tiempo.

El peor enemigo de la buena política es el oportunismo. El oportunismo engendra cobardía, tienta al acecho, a la inacción, al miramiento y al titubeo. El oportunismo nubla el entendimiento. Se alimenta del protagonismo, del egoísmo y del chisme. El oportunismo envenena la solidaridad.

La solidaridad es la mejor aliada de la política. La solidaridad busca identificar causas comunes y zanjar diferencias. Procura darle prioridad al consenso y adelantar el bien de todos. En la política, hay quienes confunden la solidaridad con debilidad o complacencia. Se equivocan.

Y si ese es el caso, se preguntarán por qué decidí servir desde la política. La respuesta tiene nombres: Ana, Juan y Diego. Mis hijos. Para ellos quiero por herencia lo que quieres tú para los tuyos: heredar un mejor país. Dicho de otra forma, que no hereden la crisis que heredamos nosotros. En los momentos más difíciles, de ellos saco las fuerzas para seguir luchando. Para mí es inaceptable que nuestros hijos se críen en un Puerto Rico dividido y empobrecido, injusto e insensible, lleno de prejuicios e iniquidades, oscurantista y derechista. Nosotros no somos así.

Cuando comencé como gobernador en el 2013 los retos eran monumentales. El desempleo promedio de los cuatro años previos era de 16.5%. Se cometían más de mil asesinatos al año. Además, Puerto Rico, el país de tus hijos y de los míos, había acumulado una deuda insostenible. La administración del Partido Nuevo Progresista (PNP) había implantado medidas republicanas que habían fracasado en otros países, incluyendo los Estados Unidos. Había que hacerles frente. Lo hicimos sin miedo.

Cuando llegamos, impulsamos medidas probadas con éxito en Estados Unidos y en otros países. El desempleo ha bajado a 11.4%. La seguridad ha alcanzado su nivel más alto en dos décadas, con una reducción dramática en el crimen. Hechos irrefutables.

Contrario a los republicanos del PNP, el Partido Popular Democrático ha atendido el problema de la deuda sin despedir empleados públicos. Despedir gente de sus trabajos, no solo destruye las posibilidades de éxito de las familias, sino que destruye la economía cuando esas familias tienen que reducir sus compras, no pueden pagar sus préstamos y pierden sus casas o sus carros. Al despedido se le lastima su dignidad.

Para evitar despedir gente he tenido que tomar medidas que no han sido del agrado de mucha gente. Algunas para reducir gastos. Otras para aumentar ingresos. Pocas simpáticas. Todas necesarias.

Trabajar para bajar el desempleo, el crimen y la deuda no ha sido obstáculo para ahondar nuestras libertades y reconocer derechos que habían sido injustamente negados. Ahí están las medidas a favor de los inmigrantes, las que reconocen los derechos a la comunidad Lgbtt, sin precedentes en nuestro país. Ahí está la mayor protección y ordenamiento de nuestros recursos naturales para el disfrute de futuras generaciones.

Ahí están también encaminadas las tan esperadas, como evadidas, Reforma de Energía Eléctrica y del Departamento de Educación.

Son medidas que el Partido Popular en el pasado no se había atrevido impulsar. El PNP tampoco, y este cuatrienio les votó en contra. Quieren regresar al poder para revertirlas.

Admito que en este camino escabroso, la cobardía ha encontrado portavoces que me susurran propuestas populistas que ganan simpatías, pero que no resuelven los problemas. Admito que resiento el obstáculo cotidiano de los muchos oportunistas que hay dentro y fuera del Partido Popular que no ven más allá del 2016. Eso hace el trabajo más cuesta arriba.

Y es que frustra hasta el hastío observar cuánto daño le hacen al País los que viven de criticar viciosamente toda gestión. Cómo echamos para atrás cuando el prejuicio sustituye el análisis y el oportunismo ahoga la objetividad. Cómo hiere cuando desorientan con demagogia y se esconden detrás de la elocuencia fácil de la crítica destructiva. No se dan cuenta que tan dañino es el que lo hace todo por votos, como el que lo hace por aumentar su audiencia o por dinero. Prefiero no hacerles caso. Como diría Winston Churchill, “Nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirar piedras a cada perro que te ladre” en el camino.

¡Qué mucha falta nos hace como país una crítica mas objetiva y constructiva!

También ha estado ahí la objeción sincera, fundamentada y de frente de unos pocos. Esa la respeto y la agradezco.

Siempre supe que tomaría tiempo. Nunca pensé que sería fácil. Confieso que el camino ha resultado más pedregoso y más empinado de lo esperado. Incluso doloroso cuando es el oportunismo de los nuestros el que bloquea la solidaridad.

Duele, pero no mata. Ese es el camino de la política.

Ana, Juan y Diego, mis hijos, igual los tuyos, merecen seguir la lucha. Que sepan que no cambiaremos de avión a mitad de vuelo.

Bregaremos con las piedras. Mejor usarlas para construir que para apedrear.

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