Astrid Díaz

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Por Astrid Díaz
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Construir sin destruir

Cada vez que se erige una edificación moldeamos positiva o negativamente nuestro entorno e influimos en el ambiente social y cultural. A veces, al construir decidimos destruir. Resulta paradójico, pero así es.

La connotación de destruir, en algunos aspectos puede ser positiva, si cambiamos o eliminamos proyectos mal edificados y de resultados sociales negativos, como fue el caso de la implosión de residenciales públicos multipisos que se convirtieron en núcleos de deterioro social. Pero, la mayoría de las veces el “talento” para destruir es mayor que el de edificar y hacemos “tabula rasa” indiscriminadamente para traer diz que “modernidad y progreso”, destruyendo con esto nuestra historia y cultura.

El ser humano construye y destruye continuamente. La naturaleza también. En la columna de Eduardo Lalo recién publicada en este rotativo, el escritor se preguntaba ¿qué se destruye?

Los ejemplos que él, así como sus comentaristas, enumeraban aluden a edificaciones demolidas que se quedan grabadas en la memoria de un pueblo, por lo que nunca podemos destruirlas. Mencionaban el Teatro Riera, las casas Georgetti, Klumb, la de Rafael Hernández… Todo demuestra que “somos todos ellos, somos nuestra arquitectura", como si fuera un libro abierto que nos enseña la forma en que hemos evolucionado como sociedad y representa nuestra imagen de pueblo.

Sin embargo, la arquitectura no surge de la nada. Nos olvidamos que detrás de una obra está la mente creadora del arquitecto que la diseña. Por eso, su labor y sus decisiones de diseño deben ser reconocidas, estimulando que siempre se desarrollen buenas obras arquitectónicas. Y esto también es responsabilidad de todos, de cada uno de ustedes, los que diseñan la obra, los dueños y los que la usamos, porque los edificios y espacios públicos de la ciudad se convierten en parte de nuestra vida ya que vivimos en ellos y alrededor de ellos.

Construyamos nuestro presente y futuro sin destruir el pasado. La arquitectura es una poderosa herramienta que tenemos para preservar nuestra historia y cultura, a la vez que edificamos ambientes urbanos que elevan nuestra calidad de vida y estimulan el humanismo y orgullo cívico de todos los que habitamos en nuestro Puerto Rico.

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