Jean Peña Payano

Punto de vista

Por Jean Peña Payano
💬 0

Consulta de estatus y la intención del votante

El 7 de septiembre de 1899, Luis Muñoz Rivera (padre del fundador del Partido Popular Democrático), expresó que “en la América del Norte el único poder, la única fuerza, residen en el sufragio”. Durante el debate en la Cámara de Representantes el 9 de marzo de 2020, sobre el proyecto del Senado número 1467, la representante María Milagros Charbonier se refirió a la actual situación colonial como “el peor atentado al pueblo puertorriqueño”. No puedo estar más de acuerdo con dicha aseveración, dado que nuestra realidad histórica es una: Puerto Rico desde 1492 solo ha conocido las cadenas de la colonia y el sinsabor de la desigualdad. 

Como sentenció José Trías Monge, Puerto Rico sigue siendo la colonia más antigua del mundo. Para que no quede duda alguna, veamos lo que expresó el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el Caso normativo Puerto Rico v. Sánchez Valle: “. . . [ ]if we go back as far as our doctrine demands—to the ‘ultimate source’ of Puerto Rico’s prosecutorial power, Wheeler, 435 U. S., at 320—we once again discover the U. S. Congress”. Ahora bien, ¿qué es eso de la intención del votante? Se entiende como el mensaje o intención que tiene un ciudadano al establecer una marca debajo de un candidato, insignia de partido, nominación directa o voto en blanco. 

¿Qué impacto tiene el voto en blanco en nuestro derecho electoral?

En Sánchez y Colón v. ELA, 134 D.P.R. 445 (1993), el Tribunal Supremo de Puerto Rico ordenó que las papeletas en blanco fueran adjudicadas como un voto que no favorecía a ninguna de las opciones de status político para Puerto Rico. No obstante, no debe utilizarse para que se cuente –ya sea a favor o en contra de candidato u opción alguna- si su intención claramente ha sido lo contrario. 

Expresamente nuestro más alto foro concluye que, por definición, una “papeleta en blanco” no es un voto adjudicable.

El adjudicar papeletas en blanco o con votos por personajes ficticios diluye los votos válidos que se emiten a favor de candidatos u opciones que aparecen en la papeleta. De hecho, el efecto inmediato que tiene el contar los votos emitidos de esa manera, es que se lacera la voluntad de la mayoría que decidió votar según el diseño del sistema electoral. De la misma forma, adjudicar papeletas depositadas en blanco como votos válidos para determinar la proporción de las fórmulas de status en un plebiscito resulta contraproducente para la democracia. 

Otras columnas de Jean Peña Payano

💬Ver 0 comentarios