Roberto Alejandro

Desde la diáspora

Por Roberto Alejandro
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Continúan las truculencias de Trump

Las truculencias de Donald Trump y la mayoría republicana continúan hilvanando su teatro del absurdo.

En total secretividad y con la inteligencia combinada de trece senadores blancos, los republicanos diseñaron otra versión para derogar el Obamacare y cumplir así una promesa de campaña que difundieron por siete años.

El plan senatorial fue uno sin vistas públicas y sin el análisis indispensable de la Oficina Congresional de Presupuesto (CBO).

El plan de la Cámara de Representantes dejaría a 23 millones sin seguro médico; el plan senatorial mostraba “misericordia” y solo dejaba huérfanos de protección a 22 millones mientras recortaba $772 billones a Medicaid.

Cito del análisis del CBO: “By 2026, an estimated 49 million people would be uninsured, compared with 28 million who would lack insurance that year under current law.” (p. 1)

Pero la crueldad senatorial superaba la de sus colegas camerales.

En el primer año del plan senatorial, 15 millones quedarían sin seguro; 19 millones en 2020 y 22 en el 2026. (p. 4).

En estimados del Center on Budget and Policy Priorities, 400 familias super ricas obtendrían recortes contributivos de $33 billones entre 2019 y 2028 de acuerdo al plan cameral.

Esos $33 billones son suficientes para sufragar la expansión del Medicaid en Arkansas, Alaska, Nevada y West Virginia.

Al igual que en el primer intento de la Cámara, la medida senatorial no llegó a votación.

Estaba agujereada por las disputas internas entre los que quieren un plan bajo el dogma del “libre mercado,” y por lo tanto, uno sin subsidios ni protecciones gubernamentales para los enfermos, y otro plan que reconozca la simple realidad de que los costos de salud no son accesibles para millones de norteamericanos.

En un desarrollo reciente, el hermano Ted Cruz propuso como “compromiso” dos esquemas: uno barato y sin regulaciones, y otro con subsidios.

En lo obvio, el primero sería conservador y republicano; el segundo sería liberal y demócrata.

El primero sería para personas saludables que, consiguientemente, pueden pagar coberturas bajas. El segundo abarcaría a los enfermos, los que tendrían que pagar más en vista del costo de sus tratamientos.

Todo esto se vino abajo el pasado lunes, 17 de julio. Con cuatro votos en contra el plan ni siquiera llegaría a discusión.

Los conservadores fracasaron en ofrecer una alternativa viable de reforma de salud.

La política del no siempre es fácil.

Como trasfondo de esta debacle, sigue la sombra rusa, cada día más espesa.

Trump asistió a la reunión G-20 para aceptar la afirmación de Vladimir Putin de que su gobierno no interfirió con las elecciones presidenciales.

Ciertamente, un “logro” diplomático.

Luego al cerebro trumpiano se le ocurrió la idea de una super unidad de seguridad digital con el Kremlin.

La idea duró menos de 24 horas.

El cónclave global se hizo más divertido cuando la hija Ivanka sustituyó al padre en una de las sesiones en representación de la nación.

Son los signos de dictadorzuelos siempre convencidos de que asuntos de estado y asuntos de familia son la misma cosa.

Apenas regresa, el New York Times publica información sugiriendo el famoso “smoking gun” que demuestra delito e identifica al perpetrador.

A través de un intermediario y de forma inequívoca, el régimen putinesco le comunicó a la campaña presidencial de Trump su interés en ofrecer información dañina sobre la candidata demócrta Hillary Clinton.

El primogénito de los Trump aceptó la premisa de obtener información de un gobierno adversario y también se reunió con la representante rusa.

Quizás estos hechos no sean suficientes para la acusación formal de conspiración, pero sí demuestran intención de colaborar con el gobierno ruso para socavar una elección presidencial.

En este muladar se encuentra el partido de la “moralidad” y los “valores conservadores” en Estados Unidos.

Y a ese fanguero es que llega la originalidad anexionista del Plan Tennessee.

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