Joel Acevedo

Tribuna Invitada

Por Joel Acevedo
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Convergencia explosiva entre armas y pobre salud mental

Dos veces huérfano (al perder a sus padres biológicos cuando era niño y luego a sus padres adoptivos cuando era adolescente), descrito como solitario, un descarrilado paciente psiquiátrico, con acceso legal a armas de fuego, fanfarrón de matar animales y expulsado de la escuela.

El desenlace ha sido más triste aún: 17 personas muertas y otras tantas heridas. Un presidente hablando sobre salud mental que evade el tema de la accesibilidad a armas de fuego mientras, a oscuras, revoca la política pública “Obama-era regulation” que les dificultaba a personas con historial de salud mental obtenerlas.  

El joven viviendo en estado de supervivencia porque, aunque tenía recursos materiales, no contaba con los soportes sociales. Desató su agresividad sin ninguna piedad. El problema de salud mental le precedía, y convergió con el acceso legal y fácil a las armas de fuego.

En momentos como el descrito, ocurrido en Estados Unidos, aquí en Puerto Rico, se discute hacer más fácil el proceso de permisología para obtener armas de fuego. Con funcionarios públicos enviando mensajes tan explícitos como “tiren a matar” (como si esos funcionarios fueran a abogar por nosotros en un tribunal) y el problema de salud mental que existe en Puerto Rico, creo que es una combinación nefasta.

El joven se ha asociado a pobres destrezas sociales que evidentemente estaban relacionadas con sus pérdidas y experiencias de vida. Los estudios muestran cómo un déficit del neurotransmisor serotonina (asociado al estado de ánimo), en combinación con alto nivel de dopamina (asociado al placer), se relaciona con actos de agresividad. No sabemos la condición que tenía el joven y no pretendo justificar su conducta. Solo tengo mil interrogantes, sentimientos de tristeza y asombro como usted que está leyendo esta columna. De hecho, más allá de explicar lo sucedido, me preocupa inmensamente que converjan dos factores tan delicados como la pobre salud mental y el acceso a un arma de fuego.

A mayor escala mayor responsabilidad, por lo tanto, a la hora de permitir que un individuo tenga acceso a un arma de fuego, son más las habilidades cognitivas que deben evaluarse. Sí, concretamente estoy diciendo que la agresividad es parte del instinto de supervivencia del cerebro y para que esta pueda ser modulada, regulada y controlada es necesario desarrollar destrezas de control cognitivo. Las armas de fuego son una gran responsabilidad cuyo acceso debe evaluarse detalladamente, sin ligereza, con una visión holística, incluyendo a investigadores sociales, psicológicos, psiquiátricos, legales y científicos del cerebro, entre otros.

Concluyo haciendo una invitación al gobierno y al Departamento de Educación a que incrementen la presencia de psicólogos, no solo escolares, sino clínicos y hasta psiquiatras para que estén “in House” en los escenarios académicos.

¿Quién asegura que al hacer un referido para que el estudiante visite a un psicólogo clínico o un psiquiatra, este lo visitará? Minimicemos las probabilidades de que ocurran eventos lamentables, asegurándonos de que en el mismo escenario escolar el estudiante encontrará todos los servicios que necesita.    

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