José M. Medina Montes

Tribuna Invitada

Por José M. Medina Montes
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¿Convicción o conveniencia?

Convicción y conveniencia son cosas distintas, aunque pueden relacionarse de diversas maneras. Estar convencido de algo supone el haber pensado sobre ello, razonado al respecto, y llegar a unas conclusiones que se abrazan con firmeza. Por tanto, de la idea (no de la ideología) se pasa a la convicción, y de ésta a la decisión. Por otra parte, actuar por conveniencia supone la ponderación de las consecuencias de mis actuaciones, sin estar necesariamente convencido del “contenido” de lo que decido.

Esta distinción puede aplicarse a diversas situaciones. Por ejemplo, a la hora de escuchar unas promesas de campaña, se podría descubrir al analizarlas cuáles “huelen” a convicción, y cuáles a conveniencia. Desde luego sería un análisis externo, ya que entiendo que no conviene hacer una inferencia a las intenciones de las personas.

También puede aplicarse esta distinción a la actual situación sobre el veto del señor gobernador a la ley que establecería el requerimiento del permiso de los padres o encargados de las menores de edad, entre los 16 y 18 años, para ejercitar el así llamado por algunos el “derecho” a abortar.

Igualmente aplicaría la mencionada distinción a los legisladores que pretenden pasar por encima del veto del señor gobernador, cosa que la Cámara de Representantes ya la ha llevado a cabo, y el Senado lo tiene pendiente.

En cualquier caso, más que una “contienda” entre religiosos y no religiosos, o entre conservadores o liberales, parecería ser un debate entre convicción razonada y conveniencia de mercadeo de la propia imagen.

Si se actúa por convicción, con sentido común y buena voluntad, es fácil acertar. Por otro lado, si se actúa por conveniencia, para ver hasta dónde llega el poder de determinados grupos que ejercen presión a través de diversos medios, se hace separadamente de los razonamientos. Y en este caso se suele recurrir al sentimentalismo, a adoptar actitudes pocos comprensivas y a sembrar miedos.

La ley en análisis no supone ninguna discriminación injusta. Más bien protege a las menores de edad que podrían contar en un momento “de apuro” de la sensata opinión de quienes le quieren bien.

Invitaría al señor gobernador y a los legisladores a actuar por convicción y no por conveniencia en un asunto que por su importancia debería superar las líneas partidistas. Además, el ciudadano promedio entiendo que prefiere dar su simpatía, y en su momento su voto, a quienes se les “nota” que actúan por convicción: o sea, que al final resultaría que actuar por convicción sería también lo más “conveniente”.

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