Jorge Bauzá

Punto de vista

Por Jorge Bauzá
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Coral, matrimonio vital del mar

La reciente y triste noticia de que se pronostica una potencial pérdida de corales por las altas temperaturas de nuestro mar es motivo de reflexión y acción. Sucede que cuando las aguas se calientan y se mantienen calientes por cierto tiempo se rompe un matrimonio vital: el matrimonio entre un animal y una planta que crea lo que conocemos como un coral.

Por alguna razón, el animal o pólipo expulsa a su compañera la zooxantela y es ahí que comienza la crónica de una muerte anunciada. Pues ambos se necesitan: el pólipo le provee alimento y la zooxantela le permite construir la propia estructura que ambos habitan, el arrecife de carbonato de calcio. Arrecife que se convierte en habitáculo para 30,000 especies de criaturas marinas solo en las aguas del Caribe. A pesar de que los arrecifes de coral ocupan apenas el 0.1% de la superficie del planeta, albergan el 35% de todas las criaturas marinas conocidas.

Esta diversidad se traduce en alimento, fuente de medicamentos, recreación, protección de vida, protección de propiedad y economía. La barrera de arrecifes de coral frente a Isla Verde disipó sola la energía del huracán María y las marejadas invernales en un 97%, protegiendo así vida y propiedad. A nivel isla, recreativamente los arrecifes de coral en Puerto Rico aportan $1.8 billones a la economía local y proveen 30,000 empleos al año, según un estudio publicado por la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA por sus siglas en inglés). Esto sin contar el valor en las pesquerías, para la educación y la investigación, como farmacéutica del mar y para la inspiración y sosiego. Lamentablemente, al paso que vamos, podrían desaparecer en las próximas décadas, para ser apreciados solo en videos y publicaciones. Qué injusto para la generación venidera, qué desatinada herencia.

Es la alta temperatura, consistente por días, la amenaza que provocará el divorcio pronosticado en las semanas siguientes. La expulsión de la zooxantela causa el blanqueamiento de la colonia de coral, pues son los pigmentos de la zooxantela los que dan color a la colonia. A esta se unen otras amenazas que llegan, no por mar, sino de tierra firme. De ahí provienen los sedimentos producto de la deforestación y contaminantes a través de las aguas de escorrentías y de las descargas de aguas sanitarias. Nada fácil eso de recibir impactos por tierra, aire y mar. Pero todos estos impactos comparten un denominador común, la actividad humana. Actividad y actitud que deben transformarse en acciones para sanar, restaurar, mejorar, construir y conservar.

Claro que podemos actuar y es ahora. Tenemos que comenzar en tierra firme con nuestras decisiones y acciones. Comencemos a sembrar y reforestar los espacios baldíos, así como las riberas de los ríos y quebradas. Comencemos a crear infraestructura verde en la ciudad, es decir, construir en armonía con la naturaleza, aprovechando sus servicios gratuitos. Por ejemplo, sembremos en nuestros techos, sembremos cerca de las cunetas, alrededor de las alcantarillas pluviales, en todos esos puntos donde podamos retener los sedimentos y los contaminantes antes que lleguen al mar.

Cuidemos lo que vertimos por los fregaderos, cero grasas y aceites. Ojo a las descargas y los desbordamientos de aguas usadas, reportémoslos a las agencias, al municipio, a la prensa. Vamos a proponernos reducir las 5.6 libras de basura que generamos al día por persona. En la playa, asegúrate de que el protector solar sea uno amigable con la vida marina. Así mejoraremos la calidad del agua de su entorno, para contar con corales saludables y resilientes. Actívate con la gente y las organizaciones que lo están haciendo.

Ahora nos preguntamos qué hacemos con el calentamiento del mar. Cómo podemos enfriarlo, o quién o qué lo puede enfriar. Lo único que lo puede enfriar de inmediato y por tiempo limitado son las marejadas, los ciclones, los cambios estacionales, las corrientes, en fin, nada que nosotros controlemos de inmediato. Lo que sí podemos hacer es movernos al uso de las fuentes de energía renovable y consumir menos de todo lo que envuelva la quema de combustible fósil. Así nos acercaremos a una solución, aunque más a largo plazo.

Puede que algunos corales se recuperen del blanqueamiento al incorporar la zooxantela y reestablezcan ese vital matrimonio. También se ha observado que algunas especies e individuos de coral son más resistentes a las altas temperaturas del mar. Tal vez estas especies sean las campeonas que sobrevivan a estos cambios climáticos y repueblen los arrecifes impactados. Por ejemplo, se ha observado que los corales que habitan en las aguas llanas en los cayos, arrecifes emergentes y áreas del manglar son tolerantes a las altas temperaturas. Estos ambientes tienden a ser más cálidos por la profundidad llana y algunas especies de coral se han adaptado muy bien a estas condiciones. Estas características en ocasiones pasan a las otras generaciones como herencia evolutiva.

Tal vez nosotros podemos participar en este proceso. De pronto, estas son las especies que debemos cultivar y propagar. También podríamos colocar las especies ya cultivadas y aclimatarlas a estas temperaturas antes de propagarlas a otros lugares. Mientras, paralelamente, eliminemos los demás estresores del coral. Es la misma naturaleza la que nos provee el cómo y cuándo actuar. Nos toca a nosotros como especie y civilización responder.

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