Alfredo Carrasquillo Ramírez

Punto de vista

Por Alfredo Carrasquillo Ramírez
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Coronavirus: solo contamos con nosotros mismos

Si el huracán María fue una experiencia catastrófica para los habitantes de esta tierra, la respuesta gubernamental a dicha emergencia fue aún más trágica. Los miles de muertos, buena parte de ellos a causa del colapso del sistema de salud, fueron la más triste evidencia de que las instituciones públicas y los responsables de estas fueron incapaces de gestionar la crisis de una manera responsable y eficaz.  

Tras las múltiples evidencias del desprecio, de la dejadez y de la indiferencia de las autoridades federales, simbolizadas por un nefasto presidente Trump tirándole rollos de papel toalla a ciudadanos en Guaynabo, la escritora Luce López Baralt reconocía en estas páginas que la experiencia nos confrontaba a la cruda realidad de que solo contamos con nosotros mismos. La fantasía por tantos años abonada de que los americanos siempre estarían ahí para rescatarnos se vino al suelo de la manera más abyecta. 

Para echarle sal a una herida que me temo sigue sin sanar del todo, el manejo de la crisis del COVID-19 ha sido una tragicomedia de horrores. Desde el liderazgo absolutamente irresponsable del presidente Trump, intentando inscribir la emergencia en su lógica de que los problemas son siempre pestes que traen los extranjeros, pasando por la absoluta incompetencia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en el manejo de las pruebas, hasta la mediocridad casi folklórica e indudablemente patética de la epidemióloga del Estado y del secretario de Salud, nos enfrentamos a la multiplicación de “casos sospechosos” en el más absoluto desamparo institucional. 

Si en situaciones normales la vida cotidiana no hace más que darnos muestras de que pagamos impuestos a una colonia fallida en la que casi nada funciona, en momentos de emergencia como este, escuchar una conferencia de prensa del gobierno, más que una oportunidad para informarse es una receta perfecta para alimentar el desasosiego y nutrir la confusión.  

Frente a la inminente propagación del COVID-19 en nuestras familias, comunidades y centros de trabajo, conviene recordar que solo contamos con nosotros mismos. Pero que, como también decía López Baralt, eso no es poca cosa. Nos tenemos unos a otros y es hora de poner a prueba, de otro modo y con la notable capacidad que solemos mostrar, nuestra solidaridad y ese enorme deseo de apoyarnos en momentos difíciles. 

Esta vez la solidaridad que necesitamos regalarnos está más vinculada a la convivencia, al cuidado de los otros, sobre todo los más vulnerables, y al cuidado de nosotros mismos.  

Es la hora de ser extremadamente rigurosos con las medidas de higiene, y de fortalecer los hábitos y rituales que debemos hacer nuestros para proteger nuestra salud y la de nuestros seres queridos.  

Es la hora de cuidar -que significa no exponer innecesariamente- a nuestros viejos y a todos aquellos ciudadanos y familiares con condiciones de salud que los convierten en focos más vulnerables de la pandemia.  

Es la hora de ejercer la prudencia, la sensatez y la responsabilidad para protegernos y proteger a otros en todos los espacios cotidianos y públicos de convivencia: en los ascensores, en los supermercados, en las salas de espera, en los hogares de ancianos, en los cuidos y en las escuelas.  

Es la hora de educarnos sobre los pasos que debemos dar para manejar la aparición de síntomas sin salir corriendo, presos de la angustia, a abarrotar las salas de emergencia, que debemos reservar para los que tengan cuadros más comprometidos. 

Y es la hora, también, de cuidar y cuidarnos, sobre todo aquellos que no somos muy disciplinados en la protección de nuestro bienestar. Toda medida personal y familiar que contribuya a fortalecer el sistema inmunológico de cada uno de nosotros y de nuestros seres queridos es la mejor defensa frente a la amenaza de esta pandemia. 

Claro que toca pedirles cuentas a los responsables de gestionar esta crisis en las esferas gubernamentales. Y debemos hacerlo con rigor y sin medias tintas. Pero es igualmente importante cuidarnos y prepararnos para semanas y meses complicados en los que la salud de todos, sobre todo la de los más frágiles entre nosotros, estará en riesgo. Cuidémonos sin esperar que alguien lo haga por nosotros.

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