José Lee Borges

Punto de Vista

Por José Lee Borges
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Coronavirus: urge frenar la xenofobia

No solamente un temible virus se ha expandido desde China, sino también se ha exacerbado y generalizado un sentimiento de discrimen contra los chinos.  No es un secreto que en Corea del Sur, Japón y Vietnam, entre otros países, se les ha negado el servicio en restaurantes y demás comercios a clientes chinos.  En Indonesia han ocurrido manifestaciones exigiendo la salida de los turistas chinos.  Las redes sociales surcoreanas se han visto inundadas de comentarios que piden al gobierno que expulse y vete la entrada a los ciudadanos chinos; tanto como, llenas de comentarios racistas sobre sus costumbres culinarias e higiene.  En Francia y Australia sus periódicos han publicado titulares racistas contra los chinos.

Igualmente, en Europa, Estados Unidos, Asia y Oceanía se han registrado quejas por racismo contra la población de chinos y sus descendientes.  Recientemente el presidente estadounidense Donald Trump, impuso un veto a la entrada de extranjeros que hayan viajado a China en los últimos 14 días y se ha recomendado a los ciudadanos estadounidenses a no viajar a ningún territorio chino.  En fin, numerosas aerolíneas han cancelado todas sus rutas de vuelos hacia y desde China hasta nuevo aviso.

En Puerto Rico también es visible el discrimen y la xenofobia.  Tan pronto el virus se dio a conocer, los memes creados en nuestro país no se hicieron esperar.  Una cosa llevó a la otra, así funcionan las redes sociales hoy día.  Un hombre utilizando máscara para gases lacrimógenos se convertía en la forma adecuada y segura para ir a comprar comida en un restaurante chino local, así de sencillo lo presentaba uno de tantos memes que recibí y que ha sido difundido por todas las redes.  A los descendientes chinos más pequeños le comenzaron a llamar “Coronavirus” en las escuelas, tanto privadas como públicas.  Esto es solo un ejemplo de los varios casos de discrimen ocurridos en nuestra isla.

El discrimen y la xenofobia contra los chinos no es cosa nueva en nuestra historia.  En 1856 un proyecto para introducir trabajadores chinos fue descartado, pues además de criticar y cuestionar sus costumbres alimentarias y supersticiones, se desconocía qué religión practicaban y qué enfermedades podían introducir a Puerto Rico.

Los chinos no son nuestros enemigos, en todo caso lo es el coronavirus.  Incluso, los contagios ocurridos fuera de China en su mayoría han sido por personas que no son chinos ni descendientes.  El virus no ataca únicamente a los chinos, ni los identifica por su color de piel o sus rasgos físicos.  Cualquiera se puede contagiar.  El virus, al igual que la mayoría de las enfermedades, no discrimina, nosotros somos los que discriminamos.  No estamos ante un virus apocalíptico.  El riesgo que plantea el coronavirus no es peor que el presentado por otras enfermedades que ya históricamente hemos combatido.  Claro que hay que tomar y tener precauciones.  Pero, siempre y cuando se tomen las previsiones, no es necesario crear un problema mayor.  

El miedo se alimenta de la ignorancia, del desconocimiento y de la incertidumbre.  El miedo al virus es peor que el propio virus, pero mucho peor es el discrimen, el racismo y la xenofobia.  La comunidad china en Puerto Rico es una población discreta, pero no invisible, que sufre y padece cuando se discrimina contra ella.  Los chinos en Puerto Rico trabajan arduamente y sus comercios generan y aportan millones de dólares a la economía al crear cientos de empleos directos e indirectos y pagar impuestos.  Cuando el virus pase de moda, será tarde para darnos cuenta del daño cometido por el discrimen, la burla y el menosprecio.  En nuestro tiempo, impensable pero cierto.


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