Heidi J. Figueroa Sarriera

Punto de Vista

Por Heidi J. Figueroa Sarriera
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COVID-19: Cautela ante la desinformación en redes sociales

En estos días hemos visto como la actividad en línea que nos acompañaba a muchos en la vida diaria ha resultado una alternativa útil para acompañarnos en este estado de aislamiento espacial. Conocer sobre el estado de nuestros familiares, algunos enfermos y enfermas, entretenernos con conciertos, aprender sobre diversidad de pasatiempos y otros son actividades que hacen más llevadera esta experiencia de confinamiento como medida responsable para detener el COVID-19. 

Sin embargo, algunos también hemos sido víctimas de información sin fundamento cuyo contenido no solo es cuestionable sino que se ha demostrado que no es verídico. Este fenómeno se ha conocido como “fake news” o información falsa. 

Lo particular de este tipo de contenido es que parece real, tanto en cuanto a cómo está realizado (su formato, edición, apariencia y cierto lenguaje que nos inspira confianza, etc.) sino también porque, por lo general, apela a temas a los cuales somos vulnerables. Esta vulnerabilidad tiene diversas fuentes. Por ejemplo, puede relacionarse a un tema que nos inspire miedo o inseguridad como el caso del COVID-19. Por tal razón, algunos han dicho que es común que este tipo de contenido se haga viral cuando ya existe en la vida diaria de las personas una condición que efectivamente les afecta, por ejemplo, la salud, su seguridad financiera, o su seguridad personal. 

De otro lado, se espera que al estar en aislamiento físico dependamos más de las redes sociales para enterarnos del desarrollo de la pandemia y cómo afecta nuestro lugar de residencia.  Lo que implica que la persona está más susceptible no sólo a consumir noticias que cruzan por sus redes sino a buscar ávidamente información, lo que aumenta las probabilidades de diseminación de alguna noticia falsa

Hay varios lugares en Internet que nos ofrecen información sobre contenidos que ya han sido identificados como “fake news” y podemos acudir a estos espacios para aclarar las dudas. Casi todos los periódicos hoy día cotejan la veracidad del contenido de noticias para evitar reproducir contenido falso. La organización FactCheck.org se dedica a esta actividad. También Snopes.com, entre otros lugares que están disponibles en Internet. Además de cotejar la noticia en alguno de estos lugares ¿qué estrategias podemos utilizar para ayudarnos a identificar “fake news”? Propongo dos estrategias básicas.

En primer lugar, verificar la calidad de la fuente. ¿Quién genera la noticia? ¿Cuáles son sus credenciales? Una de las características de este tipo de contenido es que la forma de representación puede dirigirse a creencias que ya tiene la persona, sus afectos, sus pasiones o sus fidelidades o posiciones ideológicas. Esto ocurre muy comúnmente con contenidos políticos, religiosos y especialmente, lo estamos viendo en estos momentos con la pandemia del COVID-19. Por consiguiente, debemos hacer un esfuerzo para no acceder tan fácilmente a estos trucos de representación que activan más nuestros impulsos que la reflexión racional, aun cuando el portador o portadora del mensaje, o la manera en que se presenta, nos resulte simpático o confiable.

En segundo lugar, toda comunicación tiene una motivación y persigue unos objetivos. En las redes sociales se consigue el compromiso del usuario o usuaria para ampliar la cantidad de seguidores de la persona o entidad que genera los contenidos.  Por ejemplo, hacerse seguidor, el “like” y “share” – “me gusta” y compartir la noticia en el espacio en Facebook o en otra plataforma- son parte de estas estrategias. 

El beneficio de conseguir este compromiso del usuario o usuaria funciona a dos niveles. No sólo se beneficia la persona o entidad que publica un contenido particular cuando somos sus seguidores, sino que los algoritmos que generan las redes sociales van formando un perfil de personalidad que refleja nuestras características como consumidor o consumidora, nuestros gustos y preferencias. De aquí que nuestras opiniones, actitudes, prejuicios, temores, debilidades, ansiedades, pasiones etc. se ven reflejados con mayor probabilidad en el tipo de contenido que recibimos a través de nuestras redes sociales. Tal vez, entonces, sería un buen ejercicio mirar estos contenidos que nos llegan a través de nuestras redes para reflexionar sobre nuestras características, tal y como son reflejadas por los contenidos que consumimos

Además, sería una forma de desarrollar un sentido más crítico de esta información que transita por nuestras redes. Si bien buena parte de esta información que recibimos puede ser beneficiosa y añadir calidad de vida a nuestro diario vivir, lo contrario también se ha demostrado que es posible. Igualmente, debemos ser cautelosos pues podemos ser víctimas innecesariamente de pánicos, ansiedades y temores infundados que en nada colaboran con nuestro bienestar, ni el de nuestros seres queridos.


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