Ibrahim Pérez

Punto de vista

Por Ibrahim Pérez
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COVID-19: Corea del Sur lo hace mejor

El coronavirus se originó en Wuhan, China en diciembre 2019 y hasta hoy se había propagado por 156 países y territorios. Al 14 de marzo se habían confirmado 156,074 casos y 5,821 muertes. Los países que han reportado el mayor número de casos son: China (81 mil), Italia (21 mil), Irán (13 mil) y Corea del Sur (8 mil) registran el mayor número de casos. China (3,189), Italia (1,441), Irán (611), España (195), Francia (91) y Corea del Sur (72).

El manejo médico y epidemiológico del coronavirus y las circunstancias internas de cada país afectado han conducido a resultados variables. Mientras en China y Corea del Sur están bajando consistentemente sus casos, en España, Italia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos siguen aumentando.

La estrategia del gobierno de Corea del Sur para confrontar el virus ha ganado elogios en la comunidad de salud pública internacional, porque ha estado basada en que afecte mínimamente la vida diaria de su población y porque no ha tenido que recurrir a medidas drásticas como “lockdowns”, según ha ocurrido en China, Italia, España, Francia, Dinamarca y muchos otros países. 

Corea del Sur se ha establecido como modelo de éxito en la lucha contra el COVID-19 desde que identificó su primer caso el 20 de enero de 2020. Implantaron tempranamente estrategias muy creativas y agresivas de mitigación interna que han producido excelentes resultados. Han logrado realizar 240,000 pruebas diagnósticas (15,000 pruebas diarias), las cuales han estado fácilmente accesibles en 50 localidades de servicarro a través del país. Han realizado exitosas campañas educativas, enfatizando en la higiene y en el insustituible distanciamiento social voluntario. También han mantenido un riguroso monitoreo via “GPS” de aquellos casos en cuarentena domiciliaria. Y las pruebas diagnósticas, aislamiento y cuidado médico-hospitalario de sus habitantes son totalmente libre de costos

La detección temprana del coronavirus en Corea del Sur ha minimizado significativamente sus efectos más dañinos a la salud (72 muertes entre 8,000 casos), además de ayudar a reducir consistentemente la aparición de nuevos casos (900 diarios hace varias semanas, 96 diarios en la última semana). 

Esa historia de éxito ha sido muy distinta al fracaso experimentado en Estados Unidos, donde habiendo identificado el primer caso a un día de diferencia de Corea del Sur, apenas han realizado 11,000 pruebas y confirmado solo 2,499 casos. La injustificada tardanza en realizar pruebas diagnósticas de manera masiva en Estados Unidos ha causado un retraso tal que ha imposibilitado que la estrategia epidemiológica se adelantara y pudiera neutralizar el impacto nocivo del virus. Así las cosas, entre el 1 y el 14 de marzo se catapultaron vertiginosamente de 89 a 2,499 los casos confirmados. 

Estados Unidos sigue tomando decisiones sin tener datos precisos de las personas contagiadas, por lo que está exhibiendo un comportamiento similar al de Italia, país que también comenzó tarde a diagnosticar casos y quedó atrás en su intento de detener la propagación interna. Italia ha tenido que recurrir a la imposición de una cuarentena poblacional nacional para detener el incremento en casos que está sobrecargando su sistema de salud, trastocando la vida diaria de su gente y su economía.

Las exitosas estrategias desarrolladas por Corea del Sur no se pueden emular si no realizamos pruebas confirmatorias masivas para medir magnitud, trazar comportamiento cronológico y planificar estrategias. Si eso no ocurre y no podemos detener el brote con las medidas ya establecidas, ocurrirá un aumento en casos. Y si además seguimos viendo diariamente excesivas e innecesarias aglomeraciones de público en distintos lugares, tendríamos entonces que considerar seriamente la medida más extrema, la cuarentena nacional mandatoria con cierre de servicios y funciones no esenciales, el “lockdown”. 

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