Martha Quiñones Domínguez

Punto de Vista

Por Martha Quiñones Domínguez
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COVID-19: duro impacto económico si afecta a Puerto Rico

Ante la posibilidad de que llegue aquí la nueva cepa de coronavirus la mejor política pública es la prevención, el control y la respuesta oportuna y mejorar el sistema de salud pública para resistir estos embates. Los costes económicos de una enfermedad viral van más allá de los daños directos en los sectores sociales y económicos afectados. Sus consecuencias económicas se pueden multiplicar con rapidez en especial ante una economía debilitada, que ha recibido los embates de dos eventos naturales (huracanes y sismos) y ahora se sumaría la amenaza del coronavirus. 

Para Puerto Rico la epidemia COVID-19 puede tener un duro impacto social y económico que se tiende a subestimar. Los efectos no se distribuyen de manera equitativa en la economía, algunos sectores podrían beneficiarse financieramente, mientras otros sufrirán en forma desmedida. Pero las primordiales repercusiones socioeconómicas del coronavirus son para los individuos infectados, sus hogares y sus comunidades que tendrá efectos desiguales ante la respuesta a la epidemia.

Los principales costos de las epidemias son para el sistema de salud, público y privado, con el tratamiento médico de los infectados, los costos por hospitalización y control clínico-terapéutico de los pacientes, la lucha contra el coronavirus y la vigilancia de laboratorio, costos que colapsa el sistema de salud y del control de los brotes. 

Para los trabajos, la epidemia causa ausentismo laboral de los enfermos y sus cuidadores o disminuyen su eficacia en el trabajo, lo cual merma y altera la productividad. A eso se une el temor a la infección, que puede originar cierre de escuelas, empresas, comercios, transporte y servicios públicos lo que perturba las actividades económicas y otras socialmente valiosas. 

Para las farmacéuticas se beneficiarán con sus productos necesarios para la respuesta al brote. Las aseguradoras de salud probablemente asuman costos, al menos en el corto plazo. Los más afectados son los pobres que sufrirán los costos desproporcionadamente, podrían tener menos acceso a servicios médicos y menos ahorros para protegerse de catástrofes financieras (poder pagar hipotecas, la renta, los préstamos, comprar los necesario, etc.), como ha ocurrido con los huracanes y los temblores.

¿Quiénes pueden afrontar los costos en salud que representa el virus? ¿A quién el gobierno le dará prioridad en los tratamientos? ¿A quién los hospitales privados le darán prioridad en los tratamientos? ¿Cómo las farmacéuticas pondrán a disposición los medicamentos? Otras preguntas están relacionadas con los empleos. Las compañías ¿seguirán pagando facturas médicas, incluido el pago de los salarios a los empleados enfermos en especial en esta época de desprotección que ha causado la Reforma Laboral?

Ciertamente, el riesgo epidémico es complejo, por eso el uso de las herramientas apropiadas para responder comienza con la prevención, control y la respuesta oportuna. Es necesario invertir dinero para crear sistemas de salud públicos consistentes, invertir en una vigilancia fiable de la enfermedad entre la ciudadanía proveniente de informes oficiales de vigilancia, informes periodísticos y reportes sanitarios. Además, es necesario estar preparados para adoptar medidas iniciales que limiten la propagación de una enfermedad ante un brote u tener tratamientos disponibles. A esto se une hacer uso de las tecnologías para poder seguir el rastro de brotes y epidemias. 

Mientras, a nivel macroeconómico la desaceleración económica puede ser una de las consecuencias más temidas y sus efectos en el Producto Interno Bruto (PIB) o Producto Nacional Bruto (PNB), afectando el presupuesto.

El temor y pánico por la propagación afecta negativamente la economía: las cancelaciones de viajes y eventos, las restricciones al movimiento de personas (turistas y viajes empresariales), la limitación del movimiento de mercancía y trabajo, las ventas y compras al extranjero, en especial en las islas que dependemos del comercio internacional para abastecernos. Ante el temor las personas evitan actividades que lo expone en riesgo, como ir a restaurantes, a cines, usar el transporte, quedarse en hoteles, ir a tiendas y escuelas, sintiendo el impacto en el comercio. Ya los mercados financieros sienten el efecto de la crisis de salud que se han visto afectadas. También se limita la cadena de suministros que hacen las empresas para fabricar bienes, se limitan o buscan otras alternativas. De no encontrar sustituto, se suspende operaciones o se retrasa la reanudación de la producción y la venta de bienes generan problemas de flujo de dinero. 

El miedo se apodera de la gente ante el coronavirus y se detiene el consumo, la economía se detiene. El consumo privado es un componente muy importante en el PIB o PNB de la economía de cualquier país, si el mismos disminuye se afecta la economía. 

No cabe duda de que la epidemia del coronavirus y una posible cuarentena perjudica al crecimiento económico del año y su posible efecto sobre la economía dependerá de la duración y del grado de expansión de la epidemia. Por eso debemos ser diligentes en prevenir, controlar y dar respuesta a los brotes y epidemias. 

Todavía enfrentamos los efectos del huracán María y de los temblores que afectaron y siguen afectando la economía.  Por eso debe atajarse esta epidemia. Por eso es importante las políticas preventivas y de tratamiento rápido para recuperarse relativamente pronto. Recuerden que, si la epidemia llega, el daño que sufra el PIB o PNB y la sociedad en general puede ser mucho mayor.

Podemos estudiar precedentes de otras epidemias, su efecto sobre la economía, la forma apropiada de reaccionar y su manifestación en el PIB. Hay que priorizar en los gastos sociales como si fuera una inversión, la expansión fiscal se impone a través de bajadas de impuestos para dar impulso a los sectores económicos y sociales más afectados por huracanes y temblores a lo que se uniría la epidemia. Sin embargo, actualmente, jugar esa estrategia es complicado, pues la Junta de Control alegara que estamos con déficit fiscal.  Pero ahí es que se toman las decisiones sabias de política pública, es mejor prevenir que tener que remediar. Y fortalecer nuestro sistema de salud así como debemos proteger nuestros estudiantes en las escuelas. 


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