Carlos E. Díaz Olivo

Punto de vista

Por Carlos E. Díaz Olivo
💬 0

COVID-19: el riesgo del aislamiento y la xenofobia

El desarrollo de la actividad humana a través de los tiempos es, en gran medida, la historia del vencimiento del aislamiento natural que las grandes cordilleras, desiertos, selvas, ríos y océanos interpuso entre una comunidad de seres humanos y otra. Son esas fronteras naturales las que hicieron posible el surgimiento de idiomas, costumbres, vestimentas, comidas y actitudes particulares ante la vida y los demás.  

De esta manera, un solo mundo y un conjunto de seres humanos fue segmentado y dividido socialmente en tribus, nacionalidades y países, cada uno separado y pertrechado en sus temores e inseguridades, frente a todo aquello que le pareciera distinto o desconocido. Esta construcción de divisiones artificiales entre seres de naturaleza similar es la base de los perjuicios y de las grandes guerras y genocidios.  

A los seres humanos nos ha llevado, prácticamente, la totalidad de la historia vivida, superar esas divisiones para comenzar a entendernos y vernos como iguales en un solo mundo que nos pertenece por igual. La tecnología y el desarrollo de la actividad comercial han permitido un acercamiento y mejor comunicación a nivel mundial en los últimos treinta años, inimaginable en todos los siglos anteriormente vividos. 

Sin embargo, la crisis ocasionada por el COVID-19 ha hecho patente que la globalización no es meramente un desarrollo tecnológico y financiero, pues el movimiento internacional de personas, productos y comunicaciones facilita también la propagación mundial de virus y todo tipo de enfermedades. Para contener la propagación del coronavirus, los países se han visto en la necesidad de tomar medidas cautelares dramáticas. Así, se han limitado los viajes aéreos y marítimos, cerrado ciudades completas, restringido la operación de establecimientos comerciales, las actividades colectivas y el libre movimiento de los ciudadanos.

El problema es que la pandemia, además del peligro inmediato a la vida y salud de millones de personas, amenaza también con empujar al mundo de retorno al aislamiento en el que por siglos vivió y con ello, a un mundo segmentado en tribus encontradas y temerosas las unas para con las otras.  

Antes de la propagación del coronavirus, el mundo se veía crecientemente amenazado por el advenimiento al poder de movimientos populistas de corte nacionalista y claramente xenofóbicos.  Para estos, las complicaciones de la vida colectiva se simplifican irresponsablemente en una lucha entre el bien y el mal. Esto es, entre un nosotros, definido como un grupo selecto y superior, que hace frente a los demás, configurados estos últimos por una categoría inferior de seres impresentables, perversos, indolentes y peligrosos, a los cuales es necesario aislar para protegernos de ellos.

Las medidas cautelares, anteriormente identificadas, si bien necesarias para contener la amenaza de salud que enfrentamos, pueden aprovecharse y mal utilizarse por estos grupos populistas para dividir aún más el mundo, y propagar la desigualdad y la desconfianza entre los pueblos.  

La propia administración del presidente Trump cataloga la pandemia como una enfermedad extranjera. En los Estados Unidos y en otros países, ciudadanos chinos e incluso cualquier persona con rasgos asiáticos son objeto de ataques y exclusiones infundadas. Así también, se imponen restricciones de viaje a países, sobre la base de percepciones prejuiciadas y xenofóbicas en vez de criterios estrictos de riesgos a la salud.  

El cierre de ciudades y países facilita el aislamiento de países y ciudadanos y refuerza los reclamos de incrementar los aranceles y barreras tarifarias a la entrada de productos provenientes del “extranjero”, junto con el establecimiento de prohibiciones tajantes a personas “distintas” y “peligrosas” procedentes de ciertas partes del mundo. 

Así también, la ampliación de poderes del Estado y la suspensión de la libertad de movimiento que en estos momentos experimentamos, puede ser aprovechada indebidamente por líderes inescrupulosos, para consolidar y ampliar su poder, en menoscabo de las libertades civiles y democráticas que con tanto esfuerzo el pueblo ha reivindicado para sí.

En ese sentido, como ciudadanos, debemos mantenernos en estricta y continua vigilancia, tanto para la protección de nuestra salud, como para la preservación de nuestras libertades democráticas y para garantizar el disfrute de un mundo al que toda la humanidad, y no grupos aislados o selectos, tiene derecho a disfrutar.


Otras columnas de Carlos E. Díaz Olivo

martes, 31 de marzo de 2020

El monstruo de mil cabezas en Salud

El Departamento de Salud se convirtió en un monstruo de mil cabezas que sirve de instrumento para el expendio de favores políticos y de mantengo gubernamental, escribe Carlos Díaz Olivo

lunes, 30 de marzo de 2020

La tragedia de la presidencia de Trump

En medio de un problema de salud de proporciones inmensas, el president Trump carece de las destrezas y la sensibilidad necesarias para articular una agenda coherente y de unificar el sentir nacional, señala Carlos Díaz Olivo

jueves, 26 de marzo de 2020

Transparencia: no más excusas con la ley HIPAA

La divulgación de esta información es crucial para enfrentar con racionalidad y efectividad la pandemia del COVID-19. El Departamento de Salud y los hospitales tienen que cobrar conciencia de este hecho, dice Carlos Díaz Olivo

martes, 24 de marzo de 2020

Wanda, se crece o se hunde

Carlos Díaz Olivo expresa que la gobernadora deberá responder al dilema de cómo mantener a un pueblo seguro y, a la vez, una economía activa

💬Ver 0 comentarios