Robert Rabelo

Punto de vista

Por Robert Rabelo
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COVID-19: la epidemia de turno

Los puertorriqueños hemos enfrentado múltiples epidemias en nuestra historia, y el coronavirus COVID-19 no será la última. Tal vez las más conocidas (por haber sido bien documentadas) son las epidemias de viruela (1518), la sífilis (1582-1815) y la tuberculosis (1933) que no solo afectaron la población de Puerto Rico, sino de todo el Caribe. Sin embargo, en las pasadas décadas tienen que venir a nuestra memoria colectiva aquellas batallas libradas contra el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en los 1980, así como el H1N1, el zika o el chikungunya durante la pasada década. 

¿Hemos aprendido algo de nuestras pasadas experiencias en batalla contra las entidades microscópicas detrás de estas epidemias? Al parecer el miedo ancestral que siente el hombre hacia las pestes y las epidemias continúa latente en nuestro ADN tanto como en la edad media. Esto a pesar de los avances en la medicina y el conocimiento científico que tenemos en pleno siglo 21. 

Prueba de esto es que, ante el rumor de posibles casos del nuevo virus en Puerto Rico, la población salió a buscar tanto artículos de primera necesidad (como desinfectantes o comida no perecedera), como artículos que no lo son (como el papel de inodoro). 

La histeria colectiva es el talón de Aquiles de los esfuerzos contra un enemigo que no discrimina entre jóvenes o ancianos. Recordemos lo escaso que se volvió el repelente de mosquito durante el brote de zika y chikungunya. Esta costumbre social de consumo excesivo durante tiempos de pandemia solo se puede combatir con una educación eficiente y agresiva sobre el problema. Por ejemplo, el uso de mascarillas como las mascarillas quirúrgicas o las que utilizamos cuando vamos a pintar nuestras casas solo nos provee una falsa sensación de protección ante el virus. Para que tenga una idea, el COVID-19 es tan pequeño que el uso de este tipo de mascarillas para evitar que entre a nuestro sistema respiratorio es como si tratáramos de atrapar un grano de arena con una red de pesca. Más aún, las mascarillas son solo recomendadas para quienes estén enfermos o para los que los atienden y deben de ser del tipo que filtra partículas, con las N95.   

De niño recuerdo haber escuchado decir: conoce a tu enemigo mejor que a tu mejor amigo. Este proverbio se aplica muy bien a nuestra situación actual. Si nos educamos sobre cómo se origina, comporta, se transmite, previene, controla y contiene el COVID-19 será posible tener un frente común y poder combatirlo. 

Es imperativo no hacer caso a rumores y cuestionar la información que recibimos sobre el tema a través de las redes sociales. Confiemos en fuentes oficiales como la Organización Mundial de la Salud o los Centros para el Control de Enfermedades. Las campañas de educación en los medios de comunicación son una excelente estrategia para la diseminación sobre cómo evitar el contagio de esta enfermedad. Esta educación nos ayuda ser más solidarios, entender la necesidad y participar de medidas de contención como las implementadas en España, Italia y China. Por ejemplo, gracias a las campañas educativas y estrategias de salud pública implementadas ante el zika y el chikungunya, los boricuas están más conscientes y preparados que hace cinco años para evitar estas enfermedades.

Todos los profesionales de la salud, académicos y entidades gubernamentales, así como sus portavoces, tienen que llevar un solo mensaje que deje claro las dimensiones de esta nueva pandemia, y que a pesar de su magnitud e incertidumbre, podemos combatirla si todos ponemos de nuestra parte. Hacer esto nos preparará para la próxima epidemia, que no sabemos cuándo pero sabemos que llegará.

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