Juan C. Orengo

Punto de vista

Por Juan C. Orengo
💬 0

COVID-19: prevención, control e inteligencia epidemiológica

Vivian Green es co-autora de esta columna.

En términos generales, conocemos por enfermedad emergente aquella producida por un nuevo virus que afecta la salud de los seres humanos o que es nueva para un área geográfica determinada. El COVID-19 cumple con estas características; una de las consecuencias de las enfermedades emergentes es que toda la población es susceptible a la misma, es decir que puede infectarse y desarrollar la enfermedad. 

Por lo anterior, y con la meta de la prevención y control de la pandemia, una de las prioridades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), agencias internacionales y nacionales, y el sector privado, es el desarrollo, por un lado, de una vacuna como medida de prevención primaria (el objetivo principal es evitar casos de la enfermedad), y de tratamientos médicos para los pacientes. 

En este caso, habría que implantar una medida de prevención terciaria (una de las metas es la recuperación de la salud por parte del paciente). La creación de las pruebas de detección del virus de COVID-19 se considera prevención secundaria (uno de los objetivos es detectar casos que no presentan sintomatología). Recordemos que la prevención son aquellas medidas o acciones que llevamos a cabo para evitar o minimizar un riesgo (por ejemplo, una infección, una enfermedad u otro evento de salud).

Tanto la creación de vacunas, como el desarrollo de nuevos medicamentos, son procesos regulados en Estados Unidos por la Agencia Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) y, por ejemplo, en Europa, por la Agencia de Medicamentos Europea (EMA), teniendo como finalidad general la ética, beneficio y seguridad de los productos desarrollados y aprobados. 

En la creación de las vacunas, por ejemplo, encontramos diferentes fases que van en forma general, desde el desarrollo de modelos animales e informáticos, seguido posteriormente por una primera fase en la que se prueba la potencial vacuna en voluntarios sanos, para evaluar la seguridad, tolerabilidad y otras características farmacológicas. 

En las siguientes fases (segunda y tercera) se realizan ensayos clínicos con voluntarios para establecer principalmente la eficacia de la vacuna, y una vez se demuestra esta eficacia (siendo la nueva vacuna beneficiosa y segura), pasa a la evaluación de la FDA para la aprobación o no del producto. De aprobarse la vacuna, hay una fase de vigilancia cuando ya está siendo administrada en el mundo real. El proceso, por tanto, de la creación de una nueva vacuna puede llevar anos, siendo la vacunación una de las medidas de salud pública consideradas como altamente costo-efectiva. 

Mientras tanto, la implantación y continuación de diferentes medidas de salud pública para la prevención y control de la pandemia son fundamentales. El lavado de manos, el distanciamiento social, el aislamiento por recomendación, el autoaislamiento, la cuarentena, el toque de queda, la evaluación constante de las necesidades en salud (número de médicos, enfermeras, equipo médico, camas, etc.) la vigilancia epidemiológica, etc. no deben detenerse. Ninguna es la panacea. Sin embargo, la suma de ellas llevará a un resultado exitoso. Deben ser evaluadas de forma dinámica y continua, para tomar las decisiones necesarias de forma veloz, aunque a veces no sean perfectas debido al desconocimiento todavía existente del virus de COVID-19. Recordemos que, al igual que con las epidemias o pandemias de influenza, puede haber varias “olas”. Debemos mantener la “inteligencia epidemiológica” activa y sin detenerse.

Otras columnas de Juan C. Orengo

💬Ver 0 comentarios