María de Lourdes Lara

Tribuna Invitada

Por María de Lourdes Lara
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Crear alianzas de impacto para el País

Dicen muchos que todo tiempo pasado era mejor: ¡Mentira! Cada época tuvo sus infiernos. Tampoco quiere decir que hoy estamos viviendo una panacea; sabemos que hace décadas vivimos de crisis en crisis. Todas ellas generadas por gobiernos que no han servido a sus sociedades y siguen derrotando la posibilidad de un porvenir que permita, aún a sus propios promotores, la sostenibilidad.

Quizás sea importante revisar estos modelos de gobiernos y sus alianzas. Saber con quién decidieron caminar, cómo construyeron esa relación y cómo hemos participado el resto de la sociedad. Han sido muchas las alianzas gestadas para atender los colapsos que la humanidad se forja de tiempo en tiempo.

Siempre ha habido responsables; unos más que otros; hasta los de la inacción: esos que observan desde las gradas; que a veces resultan ser los peores. Ahora que el Estado sucumbe en estas tierras; ahora que se legislan nuevas alianzas, sería bueno echar un vistazo a algunas de las anteriores a ver si abonan lecciones que podamos corregir.

Las alianzas comunidad-comunidad. Estas existen desde tiempos inmemoriales pues su génesis estuvo en la ausencia total del Estado. Nacieron a raíz de no contar con garantías para vivir, tener salud o educación. De esa relación entre comunidades nacieron muchos movimientos ciudadanos a favor de derechos humanos básicos y luego derechos cívicos, laborales y toda clase de reivindicaciones que maduraron muchas de las constituciones de países progresistas. Se desarrollaron por largo tiempo en conflicto contra un estado excluyente y opresivo.

Las alianzas gobierno-comunidad. Estas inician a partir de la creación del Estado Benefactor y luego de la Segunda Guerra Mundial, en el caso de occidente. La Guerra Fría fomentó la presencia y gestión casi absoluta del Estado en la vida de cada comunidad. Los gobiernos socialistas y democráticos competían para servir a los “más vulnerables”. A cada comunidad llegó un CDT, una escuela, un centro comunal para servicio social y toda clase de leyes para atender, desde la vivienda hasta la higiene. Se logró movilidad social y una vigorosa clase media, pero también tuvo la consecuencia directa de cooptar y hacer redundante a miles de organizaciones comunitarias. ¿Para qué las necesitan, si el Estado lo provee todo?

Las alianzas gobierno-empresas privadas. A partir de los 80 en Europa y Estados Unidos, y desde los 90 en Puerto Rico se inicia la era del nuevo liberalismo (neo liberalismo). El Modelo Thatcher-Reagan trajo la idea de eliminarle al Estado su responsabilidad de reducir desigualdades y dejar al sector privado la tarea de la redistribución de sus ganancias. Los gobiernos empiezan a delegar, contratar o simplemente dejar de ofrecer garantías para sostener las comunidades empobrecidas por la falta de empleos, o regulaciones para mantener niveles redistributivos básicos que garantizaran una clase media fuerte y una movilidad social saludable. Se generó la mayor riqueza que el mundo haya visto en siglos, a la vez que los niveles más altos de desigualdad; con un Estado en quiebra y sin un futuro seguro para ninguna generación.

En este momento vemos una nueva propuesta: Las alianzas público-privadas-participativas. El Estado se apresta a delegar a entidades privadas, con y sin fines de lucro, la tarea de gestar País; de hacerlo viable. Todavía no sabemos bien cómo se implantarán estas nuevas alianzas.

Creo que debemos evaluar los aciertos y desaciertos de las estrategias de las alianzas previas. Resumo algunas muy bien documentadas por fundaciones internacionales y universidades de alto prestigio.

Los desaciertos se resumen en modelos aislados, de pura caridad, de corto plazo y sin una visión clara; sin evaluación basada en cómo reducen los índices de pobreza o desigualdad, entre otros. Los aciertos se resumen en modelos colaborativos transectoriales que comparten una visión, una agenda, un enfoque, índices que se pueden medir, que son de largo plazo, que comparten roles diferentes pero articulados y que cuentan con una organización que se centra en facilitar y mover las agendas de todos hasta lograr el impacto del colectivo.

Y así se ha acuñado el modelo de Impacto Colectivo. Ciertamente lo que necesitamos para hacerlo bien de una buena vez.

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