Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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Crecer de la empatía a las soluciones

Los humanos somos parte integral de una amplia categoría biológica denominada “especies sociales”, cuyas características fundamentales incluyen la necesidad de vivir en grupo, la dependencia y codependencia entre pares para la satisfacción de necesidades básicas, el compartir un destino común grupal y el desarrollo de estrategias de sobrevivencia, unas innatas y otras aprendidas mediante experiencias en el contacto con el siempre cambiante entorno socio-físico.

Evolutivamente, algunos animales desarrollaron emociones y los humanos, hasta donde sabemos, contamos con el mayor y más complejo repertorio emocional.  

Para vivir bien en sociedad, la capacidad de sentir compasión y pena por los otros es una de las más importantes emociones. En tiempos antiguos se le conocía como misericordia y se le consideraba una virtud. Desde las ciencias de la conducta del siglo XX se le conoce como empatía y se considera un indicativo de buena salud mental.

De forma simple, empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra para comprender su situación desde su perspectiva subjetiva, no desde la propia. Es una emoción, una actitud y una cognición que influye en los comportamientos con la otredad social. En la Psicología y Psiquiatría, distintos modelos teóricos, particularmente los de corte humanista-existencial, incluyen la educación formal en destrezas empáticas como parte fundamental de sus estrategias de ayuda e intervención psicológica. Aunque no ha cumplido con los requisitos científicos de la “prueba o evidencia experimental medible y comprobable”, sigue siendo considerada una capacidad positiva.

La percepción más simple del concepto lo iguala a “simpatía” y lo antepone a la “antipatía”, esto es la falta de apego, identificación, compasión o imitación con la otra persona. El extremo mayor de la “antipatía” social es la psicopatología que conocemos como personalidad antisocial o psicópata. La redefinición más reciente la damos los psicólogos sociales al establecer que la empatía es una forma de comportamiento altruista definido como aquel que busca construir y establecer relaciones pro-sociales positivas, beneficiosas, saludables y funcionales. Para lograr esto, necesitamos desarrollar y madurar la conciencia de los otros, o sea, reconocer y valorar la presencia del otro. Para evolucionar como especie social necesitamos comprender nuestra propia perspectiva ante el mundo y también la perspectiva de otros en eso que hoy denominamos “diversidad”. La empatía es absolutamente necesaria para desarrollar conciencia social.

Como todo en la vida y en la naturaleza, la empatía tiene lados buenos y, en su contraparte, lados oscuros. Si bien la empatía emocional-cognitiva puede ser muy útil y beneficiosa, por sí misma no soluciona problemas que necesitan acciones resolutivas concretas y no solo emociones de acompañamiento o expresiones de solidaridad abstracta.

Muchas comunidades puertorriqueñas han quedado en total marginación social tras el desastre de los huracanes Irma y María en 2018. Hemos escuchado muchísimas expresiones empáticas que han provisto esperanza a muchos puertorriqueños que han quedado prácticamente con nada para vivir. La empatía nos acerca y nos une, provee un importante alivio inicial, incentiva una esperanza necesaria para la reconstrucción y rehabilitación de tantas vidas truncadas, pero a ocho meses de la desgracia, es obvio que los mensajes empáticos son insuficientes. No se necesita pena sino soluciones y acciones viables y urgentes.  

“Casa Pueblo”, un proyecto de autogestión comunitaria en el pueblo de Adjuntas, es un excelso ejemplo del éxito que produce la empatía que se transforma en soluciones. Después del huracán María, han trabajado intensamente con sus propios recursos para proveer energía a las comunidades necesitadas articulando un encomiable proyecto de energía solar. Lo que ofrecen no es pena sino justicia. No es dádiva sino trabajo. No es publicidad de superficiales “ratings” sino tranquilidad de conciencia independiente de las amenazas gubernativas y presiones de grandes intereses políticos-empresariales del sector privado.

El Primero de Mayo, Día internacional de los Trabajadores, es un buen momento para unir esfuerzos de acción para enderezar este país que sufre tanto. Marchar para solucionar no solo para la catarsis, eso es lo que necesitamos.

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