Anuchka Ramos

Punto de Vista

Por Anuchka Ramos
💬 0

Crisis de suministros: parir un país

Llegamos a Ponce para visitar a mi familia, pero nos sorprendió la noticia de que había sido descubierto un almacén de suministros en La Guancha. Entre la incredulidad y el coraje, mi esposo y yo decidimos ir hasta el lugar. Confieso que como ponceña nunca antes había estado en la zona. Los almacenes y el Puerto de las Américas en mi imaginario eran páramos que se atravesaban para llegar al paseo tablado.

Llegamos hasta la zona a eso de las 4:30 p.m. Varias patrullas habían cerrado el paso vehicular, así que nos estacionamos más adelante y llegamos caminando hasta frente al almacén. En la plataforma frente a la única puerta abierta se arremolinaban unas 100 personas; desde abajo observaban otros 100 y a la orilla, bajo la única sombra disponible, había unos cuarenta policías. "Esto no puede ser", me dije.

"Los de Guánica, ¿dónde están?", gritó uno de los muchachos que salió del almacén con cajas de estufa. Poco después salió de nuevo con una caja de botellas de gas. "¡Guánica!", volvió a gritar a la vez que entregó la caja a otro hombre joven que acto seguido se retiró con urgencia. Entonces una mujer gritó que necesitaba un catre para su mamá de 90 años. 

Desde la plataforma, encima de paletas con cajas de agua que bloqueaban la entrada libre al almacén un grupo de hombres y mujeres intentaban organizar la entrega. Gritos, ideas, instrucciones variadas. "Hay para todos", gritó uno. 

Quienes estábamos allí éramos testigos en vivo de los retos que tiene la acción ciudadana: organizarnos, decidir entre la indignación y la urgencia, confiar en el otro, hacer lo que es correcto. 

Para algunos lo correcto era evitar la repartición, que luego sería nombraba escalamiento. Para otros lo correcto era abrir todas las puertas, dejar que todos entraran como quisieran o pudieran. Pero para los líderes emergentes ese sábado en el almacén lo correcto parecía ser encontrar una manera eficiente de distribuir ordenadamente mientras denunciaban la atroz violencia de encontrar comida de bebé expirada. A eso le llamo parir un país. 

Pensé en todas las veces que en mi salón de clases ensayé con mis estudiantes ese nuevo país. Pensé en que esta vez el reto de hacer lo correcto, aunque difícil, se nos presentaba a todos los que estábamos bajo el nunca clemente sol ponceño. 

"Tenemos que subir para ayudar a organizar", le dije a mi esposo. Los líderes dieron instrucciones de hacer tres filas: a la derecha individuos, a la izquierda envejecientes e impedidos, en el centro campamentos o refugios. En la estrecha plataforma era difícil moverse, así que hicimos cordón humano para intentar darle forma a la fila. 

Así fue como vi con mis propios ojos centenas y centenas de pañales, cajas de agua, estufas, gas, catres, camas inflables, comida para bebés. También vi a un señor arrastrarse con su bastón hastala plataforma y decir: "Todo lo que necesito es un catre". También me abracé con una mujer que venía con el grupo de una iglesia a buscar suministros para un refugio. Como la miseria tiene muchas formas también vi a muchos saltarse la fila, romper el orden, enviar a sus hijos a intentar "colarse". En esos instantes apostamos al diálogo. No hay instrucciones para parir un país, no es romántico ni perfecto. 

Pero parir un país es hacer lo correcto, es lo urgente. Es aprender nuevas formas de organizarnos, de ejercer el liderato y de descentralizar el poder. Conlleva también desaprender aquellas cotidianas formas de corrupción que percolan desde lo alto. Sirva el desengaño y la frustración como impulso, sirva la integridad, la sostenibilidad, la inclusión y el bienestar común como meta.

Otras columnas de Anuchka Ramos

💬Ver 0 comentarios