Richie Delgado Ortega

Punto de Vista

Por Richie Delgado Ortega
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Crónica anunciada de una muerte tecnológica

Como parte de mi labor profesional, cierto día tenía que ofrecer un “webinar” a las 4:00 pm. Termino una reunión virtual a toda prisa para “llegar” puntual a ofrecerlo. Entro a la plataforma en la que se iba a brindar el taller a las 3:50 pm para ultimar detalles. A las 3:57 pm se fue la luz. Llegó a las 4:01 pm. El internet se tardó 7 minutos en restablecerse. Transcurridos esos agónicos minutos, trato de conectarme nuevamente a la plataforma. No puedo. Trato de acceder a la plataforma a través de mi teléfono celular y tampoco lo logro. No me puedo conectar. Intento acceder al “webinar” vía llamada telefónica, pero no se logra y aparece en la pantalla del móvil el mensaje “call failed”. Intento, intento, intento. Dan las 4:30 pm y de ninguna manera lo logro. Triste y lamentablemente no nos quedó de otra que posponer el “webinar” para otro día. 

La historia breve que les acabo de relatar es de la vida real, y es tan solo una de muchas vivencias y experiencias que he confrontado durante esta pandemia, por dificultades con la infraestructura tecnológica de nuestro país.  Lamentablemente experiencias similares a la narrada se han convertido en el día a día de la mayoría de las personas que necesitamos acceso constante a la tecnología para poder continuar con nuestras labores y responsabilidades, y su debilidad no nos permite cumplir con ellas cabalmente.

Sabemos que son días difíciles y que hay muchos asuntos que atender con premura en el país. También reconocemos que la tecnología no es perfecta y que, como todo, puede fallar. Pero dado que la situación obliga a la mayoría de las personas a realizar las labores de manera remota, es más que meritorio que se tomen las acciones correspondientes en nuestro país para poder tener una infraestructura tecnológica a tenor con los tiempos y a tenor con la situación que enfrentamos.  

La pandemia de por sí, al igual que sus consecuencias, causan mucho estrés, ansiedad e incertidumbre en la población. Si a eso le sumamos las dificultades que se confrontan para realizar labores de manera remota con una infraestructura tecnológica débil, la situación emocional de la ciudadanía puede verse seriamente afectada. Esta debilidad tecnológica provoca que no se pueda cumplir cabalmente con algunas responsabilidades laborales y académicas, y en ocasiones las personas pueden ser penalizadas al no poder cumplir con ellas.    

Mientras deseo con ansias que lo que me ocurrió no me vuelva a suceder, hago un llamado urgente a las esferas gubernamentales para que tomen con mucha seriedad las deficiencias de la infraestructura tecnológica de nuestra patria, y que las mismas sean optimizadas y atemperadas al siglo 21. ¡Mejor infraestructura tecnológica ya! La fuerza trabajadora y estudiantil del país la necesita y la merece.  

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