Charlie Hernández

Tribuna Invitada

Por Charlie Hernández
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Crónica del regreso a la escuela

Esta semana recordé, a través de mi hijo Diego, la mezcla de hermosas sensaciones que vivía de niño con el comienzo de cada año escolar. De seguro pensaría las mismas cosas que yo pensaba a su edad. ¿Será difícil el sexto grado?, ¿Cómo serán los maestros?, ¿Me tocó en el mismo salón de mi mejor amigo?, ¿Me habrá tocado la misma clase que a aquella niña que me parece tan simpática?  Este año, sin embargo, la gran variable era la realidad de los padres y del país que nos absorbe.

Miles de niños llegaron a una escuela diferente, producto de la eliminación de cientos de planteles para “aumentar la eficiencia del sistema y dar mejores servicios”. Tal vez sintieron la esperanza de que fuera verdad la promesa con la que justificaron sus traslados. La realidad los golpeó duramente: nueva escuela, el mismo problema.

Los niños llegaron a sus salones y de seguro notaron la ausencia de muchos estudiantes que hace unos meses les acompañaban. Los extrañaron sin aún saber qué significa eso de la “emigración en tiempos de crisis”. Llegaron a su escuela, ahora pintada de azul penepé, pero con los mismos problemas de infraestructura de siempre y uno que otro estudiante de seguro se preguntó. “¿De qué me sirve el nuevo colorcito si los baños no funcionan?” Los padres por su parte proclamaban “maldita sea la política, para eso sí que este gobierno tiene chavos”.

Antes de empezar la clase del día se percataron de la ausencia de misis Pérez o míster Ramírez. Nadie les explicó que probablemente eran víctimas de la “merma en la necesidad de servicios de maestros” (que es la forma como la secretaria de Educación disfraza la palabra despido). Tampoco les explicaron que tal vez sus queridos maestros emigraron huyendo de este gobierno y su Plan Fiscal, o los empujaron fuera del sistema aplicándoles la ley de empleador único.  

Mientras, como si fuera una obra surrealista de Dalí, un gobierno mendaz y enajenado nos trata de vender una realidad distinta a la que vemos con nuestros ojos. En síntesis, la secretaria Keleher aún no ha logrado justificar su generoso sueldo de $250,000 teniendo menos escuelas, menos maestros, menos estudiantes y las mismas deficiencias. 

El consenso es claro: las cosas no están bien, se pondrán peor y estamos en manos de una partida de incapaces sin voluntad para decirnos la verdad, hacer el trabajo requerido y dar las luchas que se necesitan librar. ¡Despierta boricua!

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martes, 15 de agosto de 2017

Crónica del regreso a la escuela

El exlegislador Charlie Hernández expresa que a muchos niños de Puerto Rico la realidad los golpea duramente: nueva escuela, el mismo problema

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