Reinaldo Rivera Soto

Punto de Vista

Por Reinaldo Rivera Soto
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¿Cuál es el mejor candidato?

La campaña electoral de cara a los comicios del 2020 ha comenzado. A dos semanas de culminar el periodo de radicación de candidaturas, se comienza a sentir la tensión característica de estos eventos. En cuestión de días finalmente se sabrá quienes deciden permanecer en la contienda y someterse al escrutinio público. Y aunque la política puertorriqueña ha sido un tema que ha perdido interés en la ciudadanía, lo cierto es que sus decisiones nos afectan a todos por igual y es el poder del voto los que nos hace iguales.

Es una realidad que cada vez más y más electores están reacios al quehacer político y a la participación en eventos electorales. Pero ¿cómo la política puede ir perdiendo su simpatía, si cada decisión que toman nuestros funcionarios electos afecta nuestro diario vivir? La respuesta, en mi opinión, tiene que ver con la inconsistencia entre el candidato político y el político elegido.

¿Cuál es la queja colectiva del electorado? Una inmensa mayoría dice que, cuando son candidatos, prometen traerte “el cielo a la tierra”. En campaña te dicen que otros son los culpables de nuestros males sociales y que ellos traerán la solución. Este tipo de candidatos son fáciles de identificar, pues en campaña nunca te dan soluciones, solo generalidades y “juego de palabras”. Varios te dirán que la solución de nuestros males viene de la “generosa” voluntad de otros o te asegurarán que no tenemos la capacidad para resolverlos. Esto se llama populismo, y lamentablemente lo que buscan es concentrar su poder para luego hacer lo que políticamente le plazca cuando sean electos. Estos son los más que se destacan y proyectan ser los líderes con más favor del pueblo, aunque solo sea una percepción.

Sin embargo, existe otro tipo de candidato, en su mayoría, por cierto. Aquellos dispuestos a servir porque les nace, no por interés en el poder, quienes no pueden ser corrompidos porque vienen de una base familiar fuerte. Estos no ceden a presiones ni a cálculos políticos, ni son egocentristas. Emplean su inteligencia para escuchar y aportar a la solución de los problemas que le afectan a la gente. Nunca olvidan a quienes representan ni quienes le dieron el poder para tomar decisiones por ellos. Sin obsesiones, hacen lo que esté a su alcance administrando bien los recursos disponibles del estado. De no poder hacerlo, son empáticos, sensibles y saben escuchar porque tienen los pies en la tierra.

¿Cuál es entonces el mejor candidato? Es aquel que, más allá de fiscalizar, fomente la unidad de propósitos por un bien común. Practique la justa distribución de los bienes del estado y minimice el mantengo gubernamental. Socialmente, fortalece la base familiar, la educación y protege los servicios esenciales. Económicamente, fomente la productividad, la autogestión, el empresarismo y la actividad económica balanceada. En fin, el mejor candidato es aquel que muestre tener sentido común y no la incapacidad política de prometer una cosa y hacer otra.


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